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«Los detectives salvajes», Roberto BolaГ±o

Иллюстрация к книге

Para Carolina LГіpez y Lautaro BolaГ±o,

venturosamente parecidos.

в”ЂВїQuiere usted la salvaciГіn de MГ©xico?

ВїQuiere que Cristo sea nuestro rey?

в”ЂNo.

Malcolm Lowry

 

I. Mexicanos perdidos en MГ©xico (1975)

2 de noviembre

 

He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciaciГіn. Mejor asГ­.

 

3 de noviembre

 

No sГ© muy bien en quГ© consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete aГ±os, me llamo Juan GarcГ­a Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no querГ­a estudiar Derecho sino Letras, pero mi tГ­o insistiГі y al final acabГ© transigiendo. Soy huГ©rfano. SerГ© abogado. Eso le dije a mi tГ­o y a mi tГ­a y luego me encerrГ© en mi habitaciГіn y llorГ© toda la noche. O al menos una buena parte. DespuГ©s, con aparente resignaciГіn, entrГ© en la gloriosa Facultad de Derecho, pero al cabo de un mes me inscribГ­ en el taller de poesГ­a de Julio CГ©sar ГЃlamo, en la Facultad de FilosofГ­a y Letras, y de esa manera conocГ­ a los real visceralistas o viscerrealistas e incluso vicerrealistas como a veces gustan llamarse. Hasta entonces yo habГ­a asistido cuatro veces al taller y nunca habГ­a ocurrido nada, lo cual es un decir, porque bien mirado siempre ocurrГ­an cosas: leГ­amos poemas y ГЃlamo, segГєn estuviera de humor, los alababa o los pulverizaba; uno leГ­a, ГЃlamo criticaba, otro leГ­a, ГЃlamo criticaba, otro mГЎs volvГ­a a leer, ГЃlamo criticaba. A veces ГЃlamo se aburrГ­a y nos pedГ­a a nosotros (los que en ese momento no leГ­amos) que criticГЎramos tambiГ©n, y entonces nosotros criticГЎbamos y ГЃlamo se ponГ­a a leer el periГіdico.

El mГ©todo era el idГіneo para que nadie fuera amigo de nadie o para que las amistades se cimentaran en la enfermedad y el rencor.

Por otra parte no puedo decir que ГЃlamo fuera un buen crГ­tico, aunque siempre hablaba de la crГ­tica. Ahora creo que hablaba por hablar. SabГ­a lo que era una perГ­frasis, no muy bien, pero lo sabia. No sabГ­a, sin embargo, lo que era una pentapodia (que, como todo el mundo sabe, en la mГ©trica clГЎsica es un sistema de cinco pies), tampoco sabГ­a lo que era un nicГЎrqueo (que es un verso parecido al falecio), ni lo que era un tetrГЎstico (que es una estrofa de cuatro versos). ВїQue cГіmo sГ© que no lo sabГ­a? Porque cometГ­ el error, el primer dГ­a de taller, de preguntГЎrselo. No sГ© en quГ© estarГ­a pensando. El Гєnico poeta mexicano que sabe de memoria estas cosas es Octavio Paz (nuestro gran enemigo), el resto no tiene ni idea, al menos eso fue lo que me dijo Ulises Lima minutos despuГ©s de que yo me sumara y fuera amistosamente aceptado en las filas del realismo visceral. Hacerle esas preguntas a ГЃlamo fue, como no tardГ© en comprobarlo, una prueba de mi falta de tacto. Al principio pensГ© que la sonrisa que me dedicГі era de admiraciГіn. Luego me di cuenta que mГЎs bien era de desprecio. Los poetas mexicanos (supongo que los poetas en general) detestan que se les recuerde su ignorancia. Pero yo no me arredrГ© y despuГ©s de que me destrozara un par de poemas en la segunda sesiГіn a la que asistГ­a, le preguntГ© si sabГ­a quГ© era un rispetto. ГЃlamo pensГі que yo le exigГ­a respeto para mis poesГ­as y se largГі a hablar de la crГ­tica objetiva (para variar), que es un campo de minas por donde debe transitar todo joven poeta, etcГ©tera, pero no lo dejГ© proseguir y tras aclararle que nunca en mi corta vida habГ­a solicitado respeto para mis pobres creaciones volvГ­ a formularle la pregunta, esta vez intentando vocalizar con la mayor claridad posible.

– No me vengas con chingaderas, García Madero -dijo Álamo.

– Un rispetto, querido maestro, es un tipo de poesía lírica, amorosa para ser más exactos, semejante al strambotto, que tiene seis u ocho endecasílabos, los cuatro primeros con forma de serventesio y los siguientes construidos en pareados. Por ejemplo… -y ya me disponía a darle uno o dos ejemplos cuando Álamo se levantó de un salto y dio por terminada la discusión. Lo que ocurrió después es brumoso (aunque yo tengo buena memoria): recuerdo la risa de Álamo y las risas de los cuatro o cinco compañeros de taller, posiblemente celebrando un chiste a costa mía.

Otro, en mi lugar, no hubiera vuelto a poner los pies en el taller, pero pese a mis infaustos recuerdos (o a la ausencia de recuerdos, para el caso tan infausta o mГЎs que la retenciГіn mnemotГ©cnica de Г©stos) a la semana siguiente estaba allГ­, puntual como siempre.

Creo que fue el destino el que me hizo volver. Era mi quinta sesiГіn en el taller de ГЃlamo (pero bien pudo ser la octava o la novena, Гєltimamente he notado que el tiempo se pliega o se estira a su arbitrio) y la tensiГіn, la corriente alterna de la tragedia se mascaba en el aire sin que nadie acertara a explicar a quГ© era debido. Para empezar, estГЎbamos todos, los siete aprendices de poetas inscritos inicialmente, algo que no habГ­a sucedido en las sesiones precedentes. TambiГ©n: estГЎbamos nerviosos. El mismo ГЃlamo, de comГєn tan tranquilo, no las tenГ­a todas consigo. Por un momento pensГ© que tal vez habГ­a ocurrido algo en la universidad, una balacera en el campus de la que yo no me hubiera enterado, una huelga sorpresa, el asesinato del decano de la facultad, el secuestro de algГєn profesor de FilosofГ­a o algo por el estilo. Pero nada de esto habГ­a sucedido y la verdad era que nadie tenГ­a motivos para estar nervioso. Al menos, objetivamente nadie tenГ­a motivos. Pero la poesГ­a (la verdadera poesГ­a) es asГ­: se deja presentir, se anuncia en el aire, como los terremotos que segГєn dicen presienten algunos animales especialmente aptos para tal propГіsito. (Estos animales son las serpientes, los gusanos, las ratas y algunos pГЎjaros.) Lo que sucediГі a continuaciГіn fue atropellado pero dotado de algo que a riesgo de ser cursi me atreverГ­a a llamar maravilloso. Llegaron dos poetas real visceralistas y ГЃlamo, a regaГ±adientes, nos los presentГі aunque sГіlo a uno de ellos conocГ­a personalmente, al otro lo conocГ­a de oГ­das o le sonaba su nombre o alguien le habГ­a hablado de Г©l, pero igual nos lo presentГі.

No sГ© quГ© buscaban ellos allГ­. La visita parecГ­a de naturaleza claramente beligerante, aunque no exenta de un matiz propagandГ­stico y proselitista. Al principio los real visceralistas se mantuvieron callados o discretos. ГЃlamo, a su vez, adoptГі una postura diplomГЎtica, levemente irГіnica, de esperar los acontecimientos, pero poco a poco, ante la timidez de los extraГ±os, se fue envalentonando y al cabo de media hora el taller ya era el mismo de siempre. Entonces comenzГі la batalla. Los real visceralistas pusieron en entredicho el sistema crГ­tico que manejaba ГЃlamo; Г©ste, a su vez, tratГі a los real visceralistas de surrealistas de pacotilla y de falsos marxistas, siendo apoyado en el embate por cinco miembros del taller, es decir todos menos un chavo muy delgado que siempre iba con un libro de Lewis Carroll y que casi nunca hablaba, y yo, actitud que con toda franqueza me dejГі sorprendido, pues los que apoyaban con tanto ardimiento a ГЃlamo eran los mismos que recibГ­an en actitud estoica sus crГ­ticas implacables y que ahora se revelaban (algo que me pareciГі sorprendente) como sus mГЎs fieles defensores. En ese momento decidГ­ poner mi grano de arena y acusГ© a ГЃlamo de no tener idea de lo que era un rispetto; paladinamente los real visceralistas reconocieron que ellos tampoco sabГ­an lo que era pero mi observaciГіn les pareciГі pertinente y asГ­ lo expresaron; uno de ellos me preguntГі quГ© edad tenГ­a, yo dije que diecisiete aГ±os e intentГ© explicar una vez mГЎs lo que era un rispetto; ГЃlamo estaba rojo de rabia; los miembros del taller me acusaron de pedante (uno dijo que yo era un academicista); los real visceralistas me defendieron; ya lanzado, le preguntГ© a ГЃlamo y al taller en general si por lo menos se acordaban de lo que era un nicГЎrqueo o un tetrГЎstico. Y nadie supo responderme.

La discusiГіn no acabГі, contra lo que yo esperaba, en una madriza general. Tengo que reconocer que me hubiera encantado. Y aunque uno de los miembros del taller le prometiГі a Ulises Lima que algГєn dГ­a le iba a romper la cara, al final no pasГі nada, quiero decir nada violento, aunque yo reaccionГ© a la amenaza (que, repito, no iba dirigida contra mГ­) asegurГЎndole al amenazador que me tenГ­a a su entera disposiciГіn en cualquier rincГіn del campus, en el dГ­a y a la hora que quisiera.

El cierre de la velada fue sorprendente. ГЃlamo desafiГі a Ulises Lima a que leyera uno de sus poemas. Г‰ste no se hizo de rogar y sacГі de un bolsillo de la chamarra unos papeles sucios y arrugados. QuГ© horror, pensГ©, este pendejo se ha metido Г©l solo en la boca del lobo. Creo que cerrГ© los ojos de pura vergГјenza ajena. Hay momentos para recitar poesГ­as y hay momentos para boxear. Para mГ­ aquГ©l era uno de estos Гєltimos. CerrГ© los ojos, como ya dije, y oГ­ carraspear a Lima. OГ­ el silencio (si eso es posible, aunque lo dudo) algo incГіmodo que se fue haciendo a su alrededor. Y finalmente oГ­ su voz que leГ­a el mejor poema que yo jamГЎs habГ­a escuchado. DespuГ©s Arturo Belano se levantГі y dijo que andaban buscando poetas que quisieran participar en la revista que los real visceralistas pensaban sacar. A todos les hubiera gustado apuntarse, pero despuГ©s de la discusiГіn se sentГ­an algo corridos y nadie abriГі la boca. Cuando el taller terminГі (mГЎs tarde de lo usual) me fui con ellos hasta la parada de camiones. Era demasiado tarde. Ya no pasaba ninguno, asГ­ que decidimos tomar juntos un pesero hasta Reforma y de allГ­ nos fuimos caminando hasta un bar de la calle Bucareli en donde estuvimos hasta muy tarde hablando de poesГ­a.

En claro no saquГ© muchas cosas. El nombre del grupo de alguna manera es una broma y de alguna manera es algo completamente en serio. Creo que hace muchos aГ±os hubo un grupo vanguardista mexicano llamado los real visceralistas, pero no sГ© si fueron escritores o pintores o periodistas o revolucionarios. Estuvieron activos, tampoco lo tengo muy claro, en la dГ©cada de los veinte o de los treinta. Por descontado, nunca habГ­a oГ­do hablar de ese grupo, pero esto es achacable a mi ignorancia en asuntos literarios (todos los libros del mundo estГЎn esperando a que los lea). SegГєn Arturo Belano, los real visceralistas se perdieron en el desierto de Sonora. DespuГ©s mencionaron a una tal CesГЎrea Tinajero o Tinaja, no lo recuerdo, creo que por entonces yo discutГ­a a gritos con un mesero por unas botellas de cerveza, y hablaron de las PoesГ­as del Conde de LautrГ©amont, algo en las PoesГ­as relacionado con la tal Tinajero, y despuГ©s Lima hizo una aseveraciГіn misteriosa. SegГєn Г©l, los actuales real visceralistas caminaban hacia atrГЎs. ВїCГіmo hacia atrГЎs?, preguntГ©.

– De espaldas, mirando un punto pero alejándonos de él, en línea recta hacia lo desconocido.

Dije que me parecГ­a perfecto caminar de esa manera, aunque en realidad no entendГ­ nada. Bien pensado, es la peor forma de caminar.


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