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«Llamadas Telefonicas», Roberto BolaГ±o

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Para Carolina LГіpez

ВїQuiГ©n puede comprender mi terror mejor que usted?

ChГ©jov

 

1. Llamadas telefГіnicas

SENSINI

La forma en que se desarrollГі mi amistad con Sensini sin duda se sale de lo corriente. En aquella Г©poca yo tenГ­a veintitantos aГ±os y era mГЎs pobre que una rata. VivГ­a en las afueras de Girona, en una casa en ruinas que me habГ­an dejado mi hermana y mi cuГ±ado tras marcharse a MГ©xico y acababa de perder un trabajo de vigilante nocturno en un cГЎmping de Barcelona, el cual habГ­a acentuado mi disposiciГіn a no dormir durante las noches. Casi no tenГ­a amigos y lo Гєnico que hacГ­a era escribir y dar largos paseos que comenzaban a las siete de la tarde, tras despertar, momento en el cual mi cuerpo experimentaba algo semejante al jet-lag, una sensaciГіn de estar y no estar, de distancia con respecto a lo que me rodeaba, de indefinida fragilidad. VivГ­a con lo que habГ­a ahorrado durante el verano y aunque apenas gastaba mis ahorros iban menguando al paso del otoГ±o. Tal vez eso fue lo que me impulsГі a participar en el Concurso Nacional de Literatura de Alcoy, abierto a escritores de lengua castellana, cualquiera que fuera su nacionalidad y lugar de residencia. El premio estaba divido en tres modalidades: poesГ­a, cuento y ensayo. Primero pensГ© en presentarme en poesГ­a, pero enviar a luchar con los leones (o con las hienas) aquello que era lo que mejor hacГ­a me pareciГі indecoroso. DespuГ©s pensГ© en presentarme en ensayo, pero cuando me enviaron las bases descubrГ­ que Г©ste debГ­a versar sobre Alcoy, sus alrededores, su historia, sus hombres ilustres, su proyecciГіn en el futuro y eso me excedГ­a. DecidГ­, pues, presentarme en cuento y enviГ© por triplicado el mejor que tenГ­a (no tenГ­a muchos) y me sentГ© a esperar.

Cuando el premio se fallГі trabajaba de vendedor ambulante en una feria de artesanГ­a en donde absolutamente nadie vendГ­a artesanГ­as. Obtuve el tercer accГ©sit y diez mil pesetas que el Ayuntamiento de Alcoy me pagГі religiosamente. Poco despuГ©s me llegГі el libro, en el que no escaseaban las erratas, con el ganador y los seis finalistas. Por supuesto, mi cuento era mejor que el que se habГ­a llevado el premio gordo, lo que me llevГі a maldecir al jurado y a decirme que, en fin, eso siempre pasa. Pero lo que realmente me sorprendiГі fue encontrar en el mismo libro a Luis Antonio Sensini, el escritor argentino, segundo accГ©sit, con un cuento en donde el narrador se iba al campo y allГ­ se le morГ­a su hijo o con un cuento en donde el narrador se iba al campo porque en la ciudad se le habГ­a muerto su hijo, no quedaba nada claro, lo cierto es que en el campo, un campo plano y mГЎs bien yermo, el hijo del narrador se seguГ­a muriendo, en fin, el cuento era claustrofГіbico, muy al estilo de Sensini, de los grandes espacios geogrГЎficos de Sensini que de pronto se achicaban hasta tener el tamaГ±o de un ataГєd, y superior al ganador y al primer accГ©sit y tambiГ©n superior al tercer accГ©sit y al cuarto, quinto y sexto.

No sГ© quГ© fue lo que me impulsГі a pedirle al Ayuntamiento de Alcoy la direcciГіn de Sensini. Yo habГ­a leГ­do una novela suya y algunos de sus cuentos en revistas latinoamericanas. La novela era de las que hacen lectores. Se llamaba Ugarte y trataba sobre algunos momentos de la vida de Juan de Ugarte, burГіcrata en el Virreinato del RГ­o de la Plata a finales del siglo xviii. Algunos crГ­ticos, sobre todo espaГ±oles, la habГ­an despachado diciendo que se trataba de una especie de Kafka colonial, pero poco a poco la novela fue haciendo sus propios lectores y para cuando me encontrГ© a Sensini en el libro de cuentos de Alcoy, Ugarte tenГ­a repartidos en varios rincones de AmГ©rica y EspaГ±a unos pocos y fervorosos lectores, casi todos amigos o enemigos gratuitos entre sГ­. Sensini, por descontado, tenГ­a otros libros, publicados en Argentina o en editoriales espaГ±olas desaparecidas, y pertenecГ­a a esa generaciГіn intermedia de escritores nacidos en los aГ±os veinte, despuГ©s de CortГЎzar, Bioy, Sabato, Mujica Lainez, y cuyo exponente mГЎs conocido (al menos por entonces, al menos para mГ­) era Haroldo Conti, desaparecido en uno de los campos especiales de la dictadura de Videla y sus secuaces. De esta generaciГіn (aunque tal vez la palabra generaciГіn sea excesiva) quedaba poco, pero no por falta de brillantez o talento; seguidores de Roberto Arlt, periodistas y profesores y traductores, de alguna manera anunciaron lo que vendrГ­a a continuaciГіn, y lo anunciaron a su manera triste y escГ©ptica que al final se los fue tragando a todos.

A mГ­ me gustaban. En una Г©poca lejana de mi vida habГ­a leГ­do las obras de teatro de Abelardo Castillo, los cuentos de Rodolfo Walsh (como Conti asesinado por la dictadura), los cuentos de Daniel Moyano, lecturas parciales y fragmentadas que ofrecГ­an las revistas argentinas o mexicanas o cubanas, libros encontrados en las librerГ­as de viejo del D.F., antologГ­as piratas de la literatura bonaerense, probablemente la mejor en lengua espaГ±ola de este siglo, literatura de la que ellos formaban parte y que no era ciertamente la de Borges o CortГЎzar y a la que no tardarГ­an en dejar atrГЎs Manuel Puig y Osvaldo Soriano, pero que ofrecГ­a al lector textos compactos, inteligentes, que propiciaban la complicidad y la alegrГ­a. Mi favorito, de mГЎs estГЎ decirlo, era Sensini, y el hecho de alguna manera sangrante y de alguna manera halagador de encontrГЎrmelo en un concurso literario de provincias me impulsГі a intentar establecer contacto con Г©l, saludarlo, decirle cuГЎnto lo querГ­a.

AsГ­ pues, el Ayuntamiento de Alcoy no tardГі en enviarme su direcciГіn, vivГ­a en Madrid, y una noche, despuГ©s de cenar o comer o merendar, le escribГ­ una larga carta en donde hablaba de ligarte, de los otros cuentos suyos que habГ­a leГ­do en revistas, de mГ­, de mi casa en las afueras de Girona, del concurso literario (me reГ­a del ganador), de la situaciГіn polГ­tica chilena y argentina (todavГ­a estaban bien establecidas ambas dictaduras), de los cuentos de Walsh (que era el otro a quien mГЎs querГ­a junto con Sensini), de la vida en EspaГ±a y de la vida en general. Contra lo que esperaba, recibГ­ una carta suya apenas una semana despuГ©s. Comenzaba dГЎndome las gracias por la mГ­a, decГ­a que en efecto el Ayuntamiento de Alcoy tambiГ©n le habГ­a enviado a Г©l el libro con los cuentos galardonados pero que, al contrario que yo, Г©l no habГ­a encontrado tiempo (aunque despuГ©s, cuando volvГ­a de forma sesgada sobre el mismo tema, decГ­a que no habГ­a encontrado ГЎnimo suficiente) para repasar el relato ganador y los accГ©sits, aunque en estos dГ­as se habГ­a leГ­do el mГ­o y lo habГ­a encontrado de calidad, В«un cuento de primer ordenВ», decГ­a, conservo la carta, y al mismo tiempo me instaba a perseverar, pero no, como al principio entendГ­, a perseverar en la escritura sino a perseverar en los concursos, algo que Г©l, me aseguraba, tambiГ©n harГ­a. Acto seguido pasaba a preguntarme por los certГЎmenes literarios que se В«avizoraban en el horizonteВ», encomiГЎndome que apenas supiera de uno se lo hiciera saber en el acto. En contrapartida me adjuntaba las seГ±as de dos concursos de relatos, uno en Plasencia y el otro en Г‰cija, de 25.000 y 30.000 pesetas respectivamente, cuyas bases segГєn pude comprobar mГЎs tarde extraГ­a de periГіdicos y revistas madrileГ±as cuya sola existencia era un crimen o un milagro, depende. Ambos concursos aГєn estaban a mi alcance y Sensini terminaba su carta de manera mГЎs bien entusiasta, como si ambos estuviГ©ramos en la lГ­nea de salida de una carrera interminable, amГ©n de dura y sin sentido. В«Valor y a trabajarВ», decГ­a.

Recuerdo que pensГ©: quГ© extraГ±a carta, recuerdo que releГ­ algunas capГ­tulos de Ugarte, por esos dГ­as aparecieron en la plaza de los cines de Girona los vendedores ambulantes de libros, gente que montaba sus tenderetes alrededor de la plaza y que ofrecГ­a mayormente stocks invendibles, los saldos de las editoriales que no hacГ­a mucho habГ­an quebrado, libros de la Segunda Guerra Mundial, novelas de amor y de vaqueros, colecciones de postales. En uno de los tenderetes encontrГ© un libro de cuentos de Sensini y lo comprГ©. Estaba como nuevo -de hecho era un libro nuevo, de aquellos que las editoriales venden rebajados a los Гєnicos que mueven este material, los ambulantes, cuando ya ninguna librerГ­a, ningГєn distribuidor quiere meter las manos en ese fuego- y aquella semana fue una semana Sensini en todos los sentidos. A veces releГ­a por centГ©sima vez su carta, otras veces hojeaba Ugarte, y cuando querГ­a acciГіn, novedad, leГ­a sus cuentos. Г‰stos, aunque trataban sobre una gama variada de temas y situaciones, generalmente se desarrollaban en el campo, en la pampa, y eran lo que al menos antiguamente se llamaban historias de hombres a caballo. Es decir historias de gente armada, desafortunada, solitaria o con un peculiar sentido de la sociabilidad. Todo lo que en Ugarte era frialdad, un pulso preciso de neurocirujano, en el libro de cuentos era calidez, paisajes que se alejaban del lector muy lentamente (y que a veces se alejaban con el lector), personajes valientes y a la deriva.

En el concurso de Plasencia no alcancГ© a participar, pero en el de Г‰cija sГ­. Apenas hube puesto los ejemplares de mi cuento (seudГіnimo: Aloysius Acker) en el correo, comprendГ­ que si me quedaba esperando el resultado las cosas no podГ­an sino empeorar. AsГ­ que decidГ­ buscar otros concursos y de paso cumplir con el pedido de Sensini. Los dГ­as siguientes, cuando bajaba a Girona, los dediquГ© a trajinar periГіdicos atrasados en busca de informaciГіn: en algunos ocupaban una columna junto a ecos de sociedad, en otros aparecГ­an entre sucesos y deportes, el mГЎs serio de todos los situaba a mitad de camino del informe del tiempo y las notas necrolГіgicas, ninguno, claro, en las pГЎginas culturales. DescubrГ­, asimismo, una revista de la Generalitat que entre becas, intercambios, avisos de trabajo, cursos de posgrado, insertaba anuncios de concursos literarios, la mayorГ­a de ГЎmbito catalГЎn y en lengua catalana, pero no todos. Pronto tuve tres concursos en ciernes en los que Sensini y yo podГ­amos participar y le escribГ­ una carta.

Como siempre, la respuesta me llegГі a vuelta de correo. La carta de Sensini era breve. Contestaba algunas de mis preguntas, la mayorГ­a de ellas relativas a su libro de cuentos reciГ©n comprado, y adjuntaba a su vez las fotocopias de las bases de otros tres concursos de cuento, uno de ellos auspiciado por los Ferrocarriles del Estado, premio gordo y diez finalistas a 50.000 pesetas por barba, decГ­a textualmente, el que no se presenta no gana, que por la intenciГіn no quede. Le contestГ© diciГ©ndole que no tenГ­a tantos cuentos como para cubrir los seis concursos en marcha, pero sobre todo intentГ© tocar otros temas, la carta se me fue de la mano, le hablГ© de viajes, amores perdidos, Walsh, Conti, Francisco Urondo, le preguntГ© por Gelman al que sin duda conocГ­a, terminГ© contГЎndole mi historia por capГ­tulos, siempre que hablo con argentinos termino enzarzГЎndome con el tango y el laberinto, les sucede a muchos chilenos.

La respuesta de Sensini fue puntual y extensa, al menos en lo tocante a la producciГіn y los concursos. En un folio escrito a un solo espacio y por ambas caras exponГ­a una suerte de estrategia general con respecto a los premios literarios de provincias. Le hablo por experiencia, decГ­a. La carta comenzaba por santificarlos (nunca supe si en serio o en broma), fuente de ingresos que ayudaban al diario sustento. Al referirse a las entidades patrocinadoras, ayuntamientos y cajas de ahorro, decГ­a В«esa buena gente que cree en la literaturaВ», o В«esos lectores puros y un poco forzadosВ». No se hacГ­a en cambio ninguna ilusiГіn con respecto a la informaciГіn de la В«buena genteВ», los lectores que previsiblemente (o no tan previsiblemente) consumirГ­an aquellos libros invisibles. InsistГ­a en que participara en el mayor nГєmero posible de premios, aunque sugerГ­a que como medida de precauciГіn les cambiara el tГ­tulo a los cuentos si con uno solo, por ejemplo, acudГ­a a tres concursos cuyos fallos coincidГ­an por las mismas fechas. ExponГ­a como ejemplo de esto su relato Al amanecer, relato que yo no conocГ­a, y que Г©l habГ­a enviado a varios certГЎmenes literarios casi de manera experimental, como el conejillo de Indias destinado a probar los efectos de una vacuna desconocida. En el primer concurso, el mejor pagado, Al amanecer fue como Al amanecer, en el segundo concurso se presentГі como Los gauchos, en el tercer concurso su tГ­tulo era En la otra pampa, y en el Гєltimo se llamaba Sin remordimientos. GanГі en el segundo y en el Гєltimo, y con la plata obtenida en ambos premios pudo pagar un mes y medio de alquiler, en Madrid los precios estaban por las nubes. Por supuesto, nadie se enterГі de que Los gauchos y Sin remordimientos eran el mismo cuento con el tГ­tulo cambiado, aunque siempre existГ­a el riesgo de coincidir en mГЎs de una liza con un mismo jurado, oficio singular que en EspaГ±a ejercГ­an de forma contumaz una plГ©yade de escritores y poetas menores o autores laureados en anteriores fiestas. El mundo de la literatura es terrible, ademГЎs de ridГ­culo, decГ­a. Y aГ±adГ­a que ni siquiera el repetido encuentro con un mismo jurado constituГ­a de hecho un peligro, pues Г©stos generalmente no leГ­an las obras presentadas o las leГ­an por encima o las leГ­an a medias. Y a mayor abundamiento, decГ­a, quiГ©n sabe si Los gauchos y Sin remordimientos no sean dos relatos distintos cuya singularidad resida precisamente en el tГ­tulo. Parecidos, incluso muy parecidos, pero distintos. La carta concluГ­a enfatizando que lo idealserГ­a hacer otra cosa, por ejemplo vivir y escribir en BuenosAires, sobre el particular pocas dudas tenГ­a, pero quela realidad era la realidad, y uno tenГ­a que ganarse los porotos (no sГ© si en Argentina llaman porotos a las judГ­as, en Chile sГ­) y que por ahora la salida era Г©sa. Es como pasear por lageografГ­a espaГ±ola, decГ­a. Voy a cumplir sesenta aГ±os, pero me siento como si tuviera veinticinco, afirmaba al final de la carta o tal vez en la posdata. Al principio me pareciГі


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