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«Amberes», Roberto BolaГ±o

Иллюстрация к книге

para Alexandra BolaГ±o y Lautaro BolaГ±o

 

ANARQUÍA TOTAL: VEINTIDÓS AÑOS DESPUÉS

EscribГ­ este libro para mГ­ mismo, y ni de eso estoy muy seguro. Durante mucho tiempo sГіlo fueron pГЎginas sueltas que releГ­a y tal vez corregГ­a convencido de que no tenГ­a tiempo. ВїPero tiempo para quГ©? Era incapaz de explicarlo con precisiГіn. EscribГ­ este libro para los fantasmas, que son los Гєnicos que tienen tiempo porque estГЎn fuera del tiempo. DespuГ©s de la Гєltima relectura (ahora mismo) me doy cuenta de que no sГіlo el tiempo importa, de que no sГіlo el tiempo es un motivo de terror. TambiГ©n el placer puede aterrorizar, tambiГ©n el valor puede aterrorizar. En aquellos aГ±os, si mal no recuerdo, vivГ­a a la intemperie y sin permiso de residencia tal como otros viven en un castillo. Por supuesto, nunca llevГ© esta novela a ninguna editorial. Me hubieran cerrado la puerta en las narices y habrГ­a perdido una copia. Ni siquiera la pasГ©, como se suele decir, a limpio. El manuscrito original tiene mГЎs pГЎginas: el texto tendГ­a a multiplicarse y a reproducirse como una enfermedad. Mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia. Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los dГ­as inГєtilmente cansado. Por las noches trabajaba. Durante el dГ­a escribГ­a y leГ­a. No dormГ­a nunca. Me mantenГ­a despierto tomando cafГ© y fumando. ConocГ­, naturalmente, gente interesante, alguna producto de mis propias alucinaciones. Creo que fue mi Гєltimo aГ±o en Barcelona. El desprecio que sentГ­a por la asГ­ llamada literatura oficial era enorme, aunque sГіlo un poco mГЎs grande que el que sentГ­a por la literatura marginal. Pero creГ­a en la literatura: es decir no creГ­a ni en el arribismo ni en el oportunismo ni en los murmullos cortesanos. SГ­ en los gestos inГєtiles, sГ­ en el destino. AГєn no tenГ­a hijos. AГєn leГ­a mГЎs poesГ­a que prosa. En aquellos aГ±os (o en aquellos meses), sentГ­a predilecciГіn por algunos escritores de ciencia ficciГіn y por algunos pornГіgrafos, en ocasiones autores antinГіmicos, como si la caverna y la luz elГ©ctrica se excluyeran una a otra. LeГ­a a Norman Spinrad, a James Tiptree, Jr. (que en realidad se llamaba Alice Sheldon), a Restif de la Bretonne y a Sade. TambiГ©n a Cervantes y a los poetas arcaicos griegos. Cuando caГ­a enfermo releГ­a a Manrique. Una noche concebГ­ un sistema para ganar dinero fuera de la ley. Una pequeГ±a empresa criminal. En el fondo todo consistГ­a en no hacerse rico de golpe. Mi primer cГіmplice o proyecto de cГіmplice, un amigo argentino tristГ­simo, me contestГі con un refrГЎn que mГЎs o menos venГ­a a decir que cuando uno estГЎ en la cГЎrcel o en el hospital, lo mejor es estar tambiГ©n en su propio paГ­s, supongo que por las visitas. Su respuesta no me afectГі en lo mГЎs mГ­nimo, pues me sentГ­a a una distancia equidistante de todos los paГ­ses del mundo. MГЎs tarde abandonГ© mi plan al descubrir que era peor que trabajar en una fГЎbrica de ladrillos. En la cabecera de mi cama habГ­a pegado con una chincheta un papel que decГ­a, en polaco, AnarquГ­a Total, que una amiga de esta nacionalidad habГ­a escrito para mГ­. No creГ­a que iba a vivir mГЎs allГЎ de los treintaicinco aГ±os. Era feliz. Luego llegГі 1981 y, sin que yo me diera cuenta, todo cambiГі.

 

Blanes, 2002

Cuando considero la corta duraciГіn de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente -memoria hospitis unius diei praetereuntis-, el pequeГ±o espacio que ocupo e incluso que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquГ­ y no allГ­, porque no existe ninguna razГіn de estar aquГ­ y no allГ­, ahora y no en otro tiempo. ВїQuiГ©n me ha puesto aquГ­? ВїPor orden y voluntad de quiГ©n este lugar y este tiempo han sido destinados a mГ­?

Pascal

 

1. FACHADA

La vida concluye en el momento en que se la fotografГ­a. Es casi un sГ­mbolo de Hollywood. Tara no tenГ­a habitaciones en su interior. Era sГіlo una fachada.

David O. Selznick

 

El muchacho se acerca a la casa. Vereda de alerces. La Fronda. Collar de lГЎgrimas. El amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo (Burroughs). La mansiГіn sГіlo es fachada y la desmantelan para instalarla en Atlanta. 1959. Todo estГЎ envejecido. No es un fenГіmeno reciente. Todo cagado desde hace mucho tiempo. Y los espaГ±oles imitan tu modo de hablar. El tono sudamericano. Una vereda de palmeras. Todo lento y asmГЎtico. BiГіlogos aburridos contemplan la lluvia desde los ventanales de su corporaciГіn. No sirve cantar con sentimiento. Querida mГ­a, donde quiera que estГ©s: ya no hay nada que hacer, no es necesario el gesto que nunca llegГі. В«Era sГіlo una fachada.В» El muchacho camina hacia la casa.

2. LA TOTALIDAD DEL VIENTO

Carreteras gemelas tendidas sobre el atardecer, cuando todo parece indicar que la memoria y la delicadeza kaputt, como el automóvil alquilado de un turista que penetra sin saberlo en zonas de guerra y ya no vuelve más, al menos no en automóvil, un hombre que corre a través de carreteras tendidas sobre una zona que su mente se niega a aceptar como límite, punto de convergencia (el dragón transparente), y las noticias dicen que Sophie Podolski kaputt en Bélgica, la niña del Montfaucon Research Center (un olor indigno de una mujer), y los labios exangües dicen «veo camareros de temporada caminando por una playa desierta a las ocho de la noche»… «Gestos lentos, no sé si reales o irreales»… «Un grupo barrido por el viento cargado de arena»… «Una niña de once años muy gorda iluminó por un instante la piscina pública»… «¿Y a ti también te persigue Colan Yar?»… «¿Una pradera negra incrustada en la autopista?»… El tipo está sentado en una de las terrazas del ghetto conjetural. Escribe postales pues su respiración le impide hacer poemas como él quisiera. Quiero decir: poemas gratuitos, sin ningún valor añadido. Sus ojos retienen una visión de cuerpos desnudos que se mueven con lentitud fuera del mar. Después sólo resta el vacío. «Camareros de temporada caminando por la playa»… «La luz del atardecer descompone nuestra percepción del viento»…

3. CUADROS VERDES, ROJOS Y BLANCOS

Ahora Г©l, o la mitad de Г©l, se sube a una marea. La marea es blanca. Ha tomado un tren en direcciГіn contraria a la que deseaba. SГіlo Г©l ocupa el compartimento, las cortinas estГЎn descorridas y el atardecer se pega en el vidrio sucio. Colores rГЎpidos, oscuros, intensos, se despliegan sobre el cuero negro de los asientos. Hemos creado un espacio silencioso para que Г©l de alguna manera trabaje. Enciende un cigarrillo. La cajita de los fГіsforos es sepia. Sobre la cubierta estГЎ dibujado un hexГЎgono compuesto de doce fГіsforos. El tГ­tulo es: В«Jugar con fГіsforosВ», y, como indica un nГєmero 2 en el ГЎngulo superior izquierdo, Г©ste es el segundo juego de la colecciГіn. El juego se llama В«La increГ­ble fuga de triГЎngulosВ». Ahora su atenciГіn se detiene en un objeto pГЎlido, al cabo de un rato advierte que es un cuadrado que empieza a fragmentarse. Lo que antes reconociГі como pantalla se transforma en marea blanca, palabras blancas, vidrios que finalizan su transparencia en una blancura ciega y permanente. De improviso un grito concentra su atenciГіn. El breve sonido le parece como un color tragado por una fisura. ВїPero quГ© color? La frase В«El tren se detuvo en un pueblo del norteВ» no le deja ver un movimiento de sombras que se desarrolla en el asiento de enfrente. Se cubre el rostro con los dedos lo suficientemente separados como para atisbar cualquier objeto que se le aproxime. Busca cigarrillos en los bolsillos de la chaqueta. Cuando exhala la primera bocanada piensa que la fidelidad se mueve con la misma rigidez que el tren. Una nube de humo opalino cubre su rostro. Piensa que la palabra В«rostroВ» crea sus propios ojos azules. Alguien grita. Observa sus pies fijos en el suelo. La palabra В«zapatosВ» jamГЎs levitarГЎ. Suspira, vuelve el rostro hacia la ventana, el campo parece envuelto por una luz mГЎs oscura. Como la luz de mi cabeza, piensa. El tren se desliza junto a un bosque. En algunas zonas se puede ver la huella de incendios recientes. A Г©l no le extraГ±a no ver a ninguna persona en las orillas del bosque. Pero el jorobadito vive allГ­, siguiendo un sendero para bicicletas, un kilГіmetro mГЎs adentro. Le dije que preferГ­a no escuchar mГЎs. AquГ­ puedes encontrar conejos y ratas que parecen ardillas. El bosque estГЎ delimitado por la carretera hacia el oeste y la lГ­nea del ferrocarril hacia el este. En los alrededores hay huertos y campos de labranza, y prГіximo a la ciudad un rГ­o contaminado en cuyas riberas hay cementerios de coches y campamentos de gitanos. MГЎs allГЎ estГЎ el mar. El jorobadito abre una lata de conservas apoyando la mitad de su espalda contra un pino pequeГ±o y podrido. Alguien gritГі en el otro extremo del vagГіn, posiblemente una mujer, se dijo mientras apagaba el cigarrillo con la suela del zapato. La camisa es de cuadros verdes, rojos y blancos, de manga larga y hecha de algodГіn. Con la mano izquierda el jorobadito sostiene una lata de sardinas con salsa de tomate. EstГЎ comiendo. Sus ojos escudriГ±an el follaje. Escucha pasar el tren.

4. SOY MI PROPIO HECHIZO

Se pasean los fantasmas de la Plaza Real por las escaleras de mi casa. Tapado hasta las cejas, inmóvil en la cama, transpirando y repitiendo mentalmente palabras que no quieren decir nada los oigo revolverse, encender y apagar las luces, subir con una morosidad insoportable hacia la azotea. Yo soy la luna, propone alguien. Pero antes fui el pandillero y tuve al árabe en mi mira y apreté el gatillo en el minuto menos propicio. Calles estrechas en el interior del Distrito V, sin posibilidades de salir o de cambiar el destino que planeaba como una chilaba sobre mis pelos grasientos. Palabras que se alejan unas de otras. Juegos urbanos concebidos desde tiempos inmemoriales… «Frankfurt»… «Una muchacha rubia en la ventana más grande de la pensión»… «Ya no puedo hacer nada»… Soy mi propio hechizo. Mis manos palpan un mural en donde alguien, veinte centímetros más alto que yo, permanece en la sombra, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, preparando la muerte y su ulterior transparencia. El lenguaje de los otros es ininteligible para mí. «Cansado después de muchos días sin dormir»… «Una muchacha rubia bajó las escaleras»… «Me llamo Roberto Bolaño»… «Abrí los brazos»…

5. AZUL

El camping La Comuna de Calabria según nota sensacionalista aparecida en PEN. Hostigados por la gente del pueblo: en el interior los campistas se paseaban desnudos. Seis chicos muertos en las cercanías. «Eran campistas»… «Bueno, del pueblo no son»… Meses antes recibieron una visita de la Brigada Antiterrorista. «Se desmadraban, follaban en todas partes, quiero decir: follaban en grupo y en donde les venía en gana»… «Al principio guardaron las distancias, sólo lo hacían dentro del camping, pero este año armaron orgías en la playa y en los alrededores del pueblo»… La policía interroga a los campesinos: «Yo no lo hice», dice uno, «si alguien hubiera prendido fuego al camping podrían echarme la culpa, más de una vez lo pensé, pero no tengo corazón para balear a seis muchachos»… Tal vez fue la mafia. Tal vez se suicidaron. Tal vez ha sido un sueño. El viento entre las rocas. El Mediterráneo. Azul.

6. GENTE RAZONABLE Y GENTE IRRAZONABLE


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