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«2666», Roberto BolaГ±o

Иллюстрация к книге

Para Alexandra BolaГ±o y Lantaro BolaГ±o

Un oasis de horror en medio de

un desierto de aburrimiento.

CHARLES BEAUDELAIRE

 

NOTA DE LOS HEREDEROS DEL AUTOR

Ante la posibilidad de una muerte prГіxima, Roberto dejГі instrucciones de que su novela 2666 se publicara dividida en cinco libros que se corresponden con las cinco partes de la novela, especificando el orden y periodicidad de las publicaciones (una por aГ±o) e incluso el precio a negociar con el editor. Con esta decisiГіn, comunicada dГ­as antes de su muerte por el propio Roberto a Jorge Herralde, creГ­a dejar solventado el futuro econГіmico de sus hijos.

DespuГ©s de su muerte y tras la lectura y estudio de la obra y del material de trabajo dejado por Roberto que lleva a cabo Ignacio EchevarrГ­a (amigo al que designГі como persona referente para solicitar consejo sobre sus asuntos literarios), surge otra consideraciГіn de orden menos prГЎctico: el respeto al valor literario de la obra, que hace que de forma conjunta con Jorge Herralde cambiemos la decisiГіn de Roberto y que 2666 se publique primero en toda su extensiГіn en un solo volumen, tal como Г©l habrГ­a hecho de no haberse cumplido la peor de las posibilidades que el proceso de su enfermedad ofrecГ­a.

La parte de los crГ­ticos

La primera vez que Jean-Claude Pelletier leyó a Benno von Archimboldi fue en la Navidad de 1980, en París, en donde cursaba estudios universitarios de literatura alemana, a la edad de diecinueve años. El libro en cuestión era D’Arsonval. El joven Pelletier ignoraba entonces que esa novela era parte de una trilogía (compuesta por El jardín, de tema inglés, La máscara de cuero, de tema polaco, así como D’Arsonval era, evidentemente, de tema francés), pero esa ignorancia o ese vacío o esa dejadez bibliográfica, que sólo podía ser achacada a su extrema juventud, no restó un ápice del deslumbramiento y de la admiración que le produjo la novela.

A partir de ese dГ­a (o de las altas horas nocturnas en que dio por finalizada aquella lectura inaugural) se convirtiГі en un archimboldiano entusiasta y dio comienzo su peregrinaje en busca de mГЎs obras de dicho autor. No fue tarea fГЎcil.

Conseguir, aunque fuera en ParГ­s, libros de Benno von Archimboldi en los aГ±os ochenta del siglo XX no era en modo alguno una labor que no entraГ±ara mГєltiples dificultades. En la biblioteca del departamento de literatura alemana de su universidad no se hallaba casi ninguna referencia sobre Archimboldi.

Sus profesores no habГ­an oГ­do hablar de Г©l. Uno de ellos le dijo que su nombre le sonaba de algo. Con furor (con espanto) Pelletier descubriГі al cabo de diez minutos que lo que le sonaba a su profesor era el pintor italiano, hacia el cual, por otra parte, su ignorancia tambiГ©n se extendГ­a de forma olГ­mpica.

Escribió a la editorial de Hamburgo que había publicado D’Arsonval y jamás recibió respuesta. Recorrió, asimismo, las pocas librerías alemanas que pudo encontrar en París. El nombre de Archimboldi aparecía en un diccionario sobre literatura alemana y en una revista belga dedicada, nunca supo si en broma o en serio, a la literatura prusiana. En 1981 viajó, junto con tres amigos de facultad, por Baviera y allí, en una pequeña librería de Munich, en Voralmstrasse, encontró otros dos libros, el delgado tomo de menos de cien páginas titulado El tesoro de Mitzi y el ya mencionado El jardín, la novela inglesa.

La lectura de estos dos nuevos libros contribuyó a fortalecer la opinión que ya tenía de Archimboldi. En 1983, a los veintidós años, dio comienzo a la tarea de traducir D’Arsonval.

Nadie le pidiГі que lo hiciera. No habГ­a entonces ninguna editorial francesa interesada en publicar a ese alemГЎn de nombre extraГ±o. Pelletier empezГі a traducirlo bГЎsicamente porque le gustaba, porque era feliz haciГ©ndolo, aunque tambiГ©n pensГі que podГ­a presentar esa traducciГіn, precedida por un estudio sobre la obra archimboldiana, como tesis y, quiГ©n sabe, como primera piedra de su futuro doctorado.

AcabГі la versiГіn definitiva de la traducciГіn en 1984 y una editorial parisina, tras algunas vacilantes y contradictorias lecturas, la aceptГі y publicaron a Archimboldi, cuya novela, destinada a priori a no superar la cifra de mil ejemplares vendidos, agotГі tras un par de reseГ±as contradictorias, positivas, incluso excesivas, los tres mil ejemplares de tirada abriendo las puertas de una segunda y tercera y cuarta ediciГіn.

Para entonces Pelletier ya habГ­a leГ­do quince libros del autor alemГЎn, habГ­a traducido otros dos, y era considerado, casi unГЎnimemente, el mayor especialista sobre Benno von Archimboldi que habГ­a a lo largo y ancho de Francia.

Entonces Pelletier pudo recordar el dГ­a en que leyГі por primera vez a Archimboldi y se vio a sГ­ mismo, joven y pobre, viviendo en una chambre de bonne, compartiendo el lavamanos, en donde se lavaba la cara y los dientes, con otras quince personas que habitaban la oscura buhardilla, cagando en un horrible y poco higiГ©nico baГ±o que nada tenГ­a de baГ±o sino mГЎs bien de retrete o pozo sГ©ptico, compartido igualmente con los quince residentes de la buhardilla, algunos de los cuales ya habГ­an retornado a provincias, provistos de su correspondiente tГ­tulo universitario, o bien se habГ­an mudado a lugares un poco mГЎs confortables en el mismo ParГ­s, o bien, unos pocos, seguГ­an allГ­, vegetando o muriГ©ndose lentamente de asco.

Se vio, como queda dicho, a sГ­ mismo, ascГ©tico e inclinado sobre sus diccionarios alemanes, iluminado por una dГ©bil bombilla, flaco y recalcitrante, como si todo Г©l fuera voluntad hecha carne, huesos y mГєsculos, nada de grasa, fanГЎtico y decidido a llegar a buen puerto, en fin, una imagen bastante normal de estudiante en la capital pero que obrГі en Г©l como una droga, una droga que lo hizo llorar, una droga que abriГі, como dijo un cursi poeta holandГ©s del siglo XIX, las esclusas de la emociГіn y de algo que a primera vista parecГ­a autoconmiseraciГіn pero que no lo era (ВїquГ© era, entonces?, Вїrabia?, probablemente), y que lo llevГі a pensar y a repensar, pero no con palabras sino con imГЎgenes dolientes, su perГ­odo de aprendizaje juvenil, y que tras una larga noche tal vez inГєtil forzГі en su mente dos conclusiones:


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