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«Malinche», Laura Esquivel

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Al Viento.

Uno.

Primero fue el viento. MГЎs tarde, como un relГЎmpago, como una lengua de plata en el cielo, fue anunciada en el valle del AnГЎhuac la tormenta que lavarГ­a la sangre de la piedra. Fue despuГ©s del sacrificio que la ciudad se oscureciГі y se escucharon atronadoras descargas, luego apareciГі en el cielo una serpiente plateada que se vio con la misma fuerza en muy distintos lugares. Enseguida comenzГі a llover de una manera pocas veces vista. LloviГі toda la tarde y toda la noche y al dГ­a siguiente tambiГ©n. Durante tres dГ­as no cesГі de llover. LloviГі tanto, que los sacerdotes y sabios del AnГЎhuac se alarmaron. Ellos estaban acostumbrados a escuchar y a interpretar la voz del agua pero en esa ocasiГіn sintieron que TlГЎloc, el dios de la lluvia, no sГіlo trataba de decirles algo sino que, por medio del agua, habГ­a dejado caer sobre ellos una nueva luz, una nueva visiГіn que darГ­a otro sentido a sus vidas, y aunque aГєn no sabГ­an claramente cuГЎl era, asГ­ lo sentГ­an en sus corazones. Y antes de que sus mentes interpretaran correctamente la profundidad del mensaje, que el agua explicaba cada vez que se dejaba caer, la lluvia cesГі y el sol resplandeciente se reflejГі en la multitud de espejos, de pequeГ±os lagos, rГ­os y canales que las lluvias habГ­an dejado repletos de agua.

Ese dГ­a, lejos del valle del AnГЎhuac, en la regiГіn de Pai-nala, una mujer luchaba por dar a luz a su primogГ©nito. La lluvia ahogaba sus pujidos. Su suegra, que actuaba como partera, no sabГ­a si prestar oГ­dos a su parturienta nuera o al mensaje del dios TlГЎloc.

No le costГі trabajo decidirse por la esposa de su hijo. El parto era complicado. A pesar de su larga experiencia nunca habГ­a asistido a un alumbramiento como Г©se. Durante el baГ±o en temascal -inmediatamente anterior al parto- ella no habГ­a detectado que el feto viniera mal acomodado. Todo parecГ­a estar en orden. Sin embargo, el esperado nacimiento se tardaba mГЎs de lo comГєn.

Su nuera tenГ­a un buen rato desnuda y en cuclillas pujando afanosamente y no lograba dar a luz. La suegra, previendo que el producto no pudiera pasar por la pelvis, comenzГі a preparar el cuchillo de obsidiana con el que partГ­a en pedazos el cuerpo de los fetos que no alcanzaban a nacer. Lo hacГ­a dentro del vientre de sus madres, para que Г©stas los pudieran expulsar con facilidad y de esta manera al menos ellas salvaran sus vidas. De pronto, la futura abuela -arrodillada frente a su nuera- alcanzГі a ver la cabeza del feto emergiendo de la vagina y retrocediendo al momento siguiente, lo cual le indicГі que probablemente traГ­a el cordГіn umbilical enredado en el cuello. De repente, una pequeГ±a cabeza asomГі entre las piernas de su madre, con el cordГіn umbilical entre los labios, como si una serpiente amordazara la boca del infante. La abuela interpretГі esa imagen como un mensaje del dios QuetzalcГіatl que en forma de serpiente se enredaba en el cuello y en la boca de la criatura. La abuela aprovechГі la ocasiГіn para meter su dedo y desenredar el cordГіn. Por unos momentos -que parecieron una eternidad-, nada sucediГі. La fuerte lluvia era el Гєnico sonido que acompaГ±aba los gemidos de la joven parturienta.

DespuГ©s de que el agua hablГі, un gran silencio fue sembrado y sГіlo lo rompiГі el llanto de una niГ±a a quien nombraron Malinalli por haber nacido en el tercer carГЎcter, de la sexta casa.

La abuela dio voces de guerrero para informar a todos que su nuera, como buena guerrera, habГ­a salido vencedora en su combate entre la vida y la muerte. Enseguida abrazГі el cuerpo de su nieta contra su pecho y la besГі repetidamente.

La reciГ©n nacida, hija del tlatoani de Painala, fue recibida por los brazos de su abuela paterna. La abuela presintiГі que esa niГ±a estaba destinada a perderlo todo, para encontrarlo todo. Porque solamente alguien que se vacГ­a puede ser llenado de nuevo. En el vacГ­o estГЎ la luz del entendimiento, y el cuerpo de esa criatura era como un bello recipiente en el que se podГ­an volcar las joyas mГЎs preciosas de la flor y el canto de sus antepasados, pero no para que se quedaran eternamente ahГ­ sino para ser recicladas, transformadas y vaciadas de nuevo.

Lo que la abuela no alcanzГі a percibir fue que la primera pГ©rdida que esa niГ±a iba a experimentar en su vida estaba demasiado cerca y, mucho menos, que ella misma se iba a ver fuertemente afectada. AsГ­ como la tierra primero habГ­a soГ±ado con las flores, con los ГЎrboles, con los lagos y los rГ­os de su superficie, asГ­ la abuela habГ­a soГ±ado con esa niГ±a. Lo Гєltimo que en ese momento hubiera pensado era que podrГ­a perderla. Presenciar el misterio de la vida era lo suficientemente impactante para evitar pensar en la muerte, en cualquiera de sus manifestaciones: el abandono, la pГ©rdida, la desapariciГіn. No, su mente y su corazГіn lo Гєnico que deseaban en ese momento era festejar la vida. Por tanto la abuela, quien habГ­a participado activamente durante todo el parto, mirГі con alegrГ­a y llena de embeleso cГіmo Malinalli abrГ­a los ojos y movГ­a vigorosamente sus brazos.

DespuГ©s de darle un beso en la frente, la depositГі en los brazos de su padre, el seГ±or de Painala, y procediГі a efectuar el primer ritual del nacimiento, que consistГ­a en el corte del cordГіn umbilical. Lo efectuГі con una pieza de obsidiana que ella misma habГ­a preparado especialmente para la ocasiГіn. La piedra habГ­a sido pulida con tanto esmero, que mГЎs parecГ­a un refulgente espejo negro que un cuchillo. Al momento del corte, la pieza de obsidiana capturГі los rayos de sol que se filtraban por el techo de palma y los reflejГі con fuerza en el rostro de la abuela. Los poderosos rayos de luz del astro solar atravesaron las pupilas de la abuela con tal magnificencia que daГ±aron irremediablemente su vista. En ese momento pensГі que tal vez Г©se era el sentido de los alumbramientos: el acercamiento a la luz. TambiГ©n comprendiГі que al estar ayudando a su nuera a dar a luz, se habГ­a convertido en un eslabГіn mГЎs de la cadena femenina formada por generaciones de mujeres que se daban luz unas a otras.

Enseguida, la abuela depositГі cuidadosamente a su nieta sobre el pecho de su nuera para que le diera la bienvenida. Al escuchar el latido de su madre, la niГ±a se supo en lugar conocido y dejГі de llorar. La abuela tomГі la placenta y saliГі a enterrarla junto a un ГЎrbol del patio trasero de la casa. La tierra estaba tan hГєmeda a causa de la lluvia que el entierro se efectuГі mitad en la tierra y mitad en el agua. La otra mitad del ombligo de Malinalli mГЎs bien fue ahogada en la tierra. Con Г©l se sembraba la vida y se le devolvГ­a a la tierra su origen. El cordГіn que une a la tierra con el cielo entregaba el alimento al alimento.

Pocos dГ­as despuГ©s, la niГ±a fue bautizada por su propia abuela, pues la tradiciГіn indicaba que debГ­a hacerlo la partera que habГ­a traГ­do una hembra al mundo. La ceremonia se realizГі a la hora en que saliГі el sol. La niГ±a estaba ataviada con un huipil y unas alhajas pequeГ±as que su abuela y su madre habГ­an elaborado personalmente para ella, En medio del patio pusieron una palangana de barro pequeГ±a y junto a ella colocaron una petaquilla, un huso y una lanzadera.

Sobre unos anafres de cerГЎmica bellamente decorados, se puso a quemar copal. La abuela, con un incensario en la mano, se dirigiГі hacia el lugar por donde el sol estaba saliendo y le dijo al viento:

– Señor del soplador, mueve mi abanico, elévame a ti, dame tu fuerza. Señor.

Como respuesta, un leve viento le rozГі la cara y supo que el momento era propicio para el saludo a los cuatro vientos. GirГі lentamente hacia los cuatro puntos cardinales mientras pronunciaba unas oraciones. Luego pasГі el incensario por debajo del cuerpo de su nieta, quien era sostenida en vilo por las manos de sus padres, que la ofrendaban al viento. La pequeГ±a figura, recortada sobre el azul del cielo, pronto se cubriГі con el humo del copal, signo de que habГ­a comenzado su purificaciГіn.

A continuaciГіn, la abuela dejГі el incensario en su sitio y tomГі a la niГ±a entre sus brazos, la levantГі nuevamente hacia el cielo, tomГі agua con los dedos y se la dio a probar mientras decГ­a:

– Ésta es la madre y el padre de todas nosotras, se llama Chalchiuhtlicue, la diosa del agua, tómala, recíbela en la boca, ésta es con la que has de vivir sobre la tierra.


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