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«Bestiario», Juan Arreola

Иллюстрация к книге

Postfacio de JosГ© Emilio Pacheco

 

A Arturo GonzГЎlez CosГ­o

 

PrГіlogo

Ama al prГіjimo desmerecido y chancletas. Ama al prГіjimo maloliente, vestido de miseria y jaspeado de mugre.

Saluda con todo tu corazГіn al esperpento de butifarra que a nombre de la humanidad te entrega su credencial de gelatina, la mano de pescado muerto, mientras te confronta su mirada de perro.

Ama al prГіjimo porcino y gallinГЎceo, que trota gozoso a los crasos paraГ­sos de la posesiГіn animal.

Y ama a la prГіjima que de pronto se transforma a tu lado, y con piyama de vaca se pone a rumiar interminablemente los bolos pastosos de la rutina domГ©stica.

El rinoceronte

El gran rinoceronte se detiene. Alza la cabeza. Recula un poco. Gira en redondo y dispara su pieza de artillerГ­a. Embiste como ariete, con un solo cuerno de toro blindado, embravecido y cegato, en arranque total de filГіsofo positivista. Nunca da en el blanco, pero queda siempre satisfecho de su fuerza. Abre luego sus vГЎlvulas de escape y bufa a todo vapor.

(Cargados con armadura excesiva, los rinocerontes en celo se entregan en el claro del bosque a un torneo desprovisto de gracia y destreza, en el que sГіlo cuenta la calidad medieval del encontronazo.)

Ya en cautiverio, el rinoceronte es una bestia melancГіlica y oxidada. Su cuerpo de muchas piezas ha sido armado en los derrumbaderos de la prehistoria, con lГЎminas de cuero troqueladas bajo la presiГіn de los niveles geolГіgicos. Pero en un momento especial de la maГ±ana, el rinoceronte nos sorprende: de sus ijares enjutos y resecos, como agua que sale de la hendidura rocosa, brota el gran Гіrgano de vida torrencial y potente, repitiendo en la punta los motivos cornudos de la cabeza animal, con variaciones de orquГ­dea, de azagaya y alabarda.

Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa, porque ha dado lugar a una leyenda hermosa. Aunque parezca imposible, este atleta rudimentario es el padre espiritual de la criatura poГ©tica que desarrolla en los tapices de la Dama, el tema del Unicornio caballeroso y galante.

Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresiГіn masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil.

El sapo

Salta de vez en cuando, sГіlo para comprobar su radical estГЎtico. El salto tiene algo de latido: viГ©ndolo bien, el sapo es todo corazГіn.

Prensado en un bloque de lodo frГ­o, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisГЎlida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en Г©l. Es mГЎs sapo que nunca, en su profunda desecaciГіn. Aguarda en silencio las primeras lluvias.

Y un buen dГ­a surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazГіn tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposiciГіn de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.

El bisonte

Tiempo acumulado. Un montГ­culo de polvo impalpable y milenario; un reloj de arena, una morrena viviente: esto es el bisonte en nuestros dГ­as.

Antes de ponerse en fuga y dejarnos el campo, los animales embistieron por Гєltima vez, desplegando la manada de bisontes como un ariete horizontal. Pues evolucionaron en masas compactas, parecГ­an modificaciones de la corteza terrestre con ese aire individual de pequeГ±as montaГ±as; o una tempestad al ras del suelo por su aspecto de nubarrones.

Sin dejarse arrebatar por esa ola de cuernos, de pezuГ±as y de belfos, el hombre emboscado arrojГі flecha tras flecha y cayeron uno por uno los bisontes. Un dГ­a se vieron pocos y se refugiaron en el Гєltimo redil cuaternario.

Con ellos se firmГі el pacto de paz que fundГі nuestro imperio. Los recios toros vencidos nos entregaron el orden de los bovinos con todas sus reservas de carne y leche. Y nosotros les pusimos el yugo ademГЎs.

De esta victoria a todos nos ha quedado un galardГіn: el Гєltimo residuo de nuestra fuerza corporal, es lo que tenemos de bisonte asimilado.


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