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Показать все книги автора/авторов: Aguilera Juan Miguel
 

«La locura de Dios», Juan Aguilera

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Ilustraciones de Rafa Fonteriz

Este libro estГЎ dedicado

a mi hermana M.ВЄ Carmen

La locura de Dios es mГЎs sabia

que la sabidurГ­a de los hombres.

(1 Corintios 1, 25)

 

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Incipit

El cuatro de abril del aГ±o de nuestro SeГ±or de mil trescientos cuarenta y ocho, fray Nicolau Eimeric visitГі a su maestro, fray GerГіnimo, que habГ­a enfermado de la Peste. Las bubas de su cuello y axilas eran de gran tamaГ±o y feo color cГЎrdeno. A pesar de eso, el aspecto de aquel anciano fraile parecГ­a tranquilo y relajado. Fray Alessio acababa de oГ­rle en confesiГіn y, despuГ©s de darle la absoluciГіn, se quedГі sentado en su lecho durante unos instantes mГЎs. Fray GerГіnimo habГ­a empeorado y, sin duda, agradecerГ­a la presencia de este religioso que habГ­a acompaГ±ado su crecimiento espiritual desde hacГ­a tanto tiempo, y la de fray Nicolau, su discГ­pulo preferido.

Cuando fray Alessio abandonГі la celda de fray GerГіnimo, fray Nicolau se acercГі hasta la cama. Su maestro estaba ojeando unos pergaminos, mientras los dos fГ­sicos que le cuidaban se afanaban en la preparaciГіn de emplastos de mirra, azafrГЎn y pimienta.

El resto de los frailes de la comunidad de Santo Domingo se encontraba en el rezo del oficio de vГ­speras. El canto del MagnГ­ficat se escuchaba perfectamente desde la celda. ВЎCuГЎntas veces habГ­a cantado fray Nicolau las vГ­speras en aquella capilla del SantГ­simo, en este mismo convento que le aceptГі, a la edad de catorce aГ±os, como novicio en la orden de Santo Domingo! Ahora estaba de paso, camino de AviГ±Гіn, donde debГ­a reunirse con el Santo Padre. El viaje desde Mallorca hasta Girona habГ­a sido muy fatigoso y habГ­a tenido que desviarse para llegar hasta allГ­, pero no podГ­a faltar a esta cita tan importante.

Junto a la cama de fray GerГіnimo habГ­a un viejo arcГіn, lleno de rollos de pergamino y un montГіn de legajos, perfectamente apilados uno sobre otro, atados y lacrados con el sello del Tribunal de la Santa InquisiciГіn de la Corona de AragГіn -que de inmediato reconociГі fray Nicolau-. ParecГ­a evidente que el anciano habГ­a estado releyendo todos aquellos papeles, antes de poner en paz su alma.

Fray Nicolau Eimeric recordarГ­a durante aГ±os la plГЎcida mirada de su maestro cuando se aproximГі a su lecho y las palabras que le dirigiГі, con su habitual calma y serenidad. Le dijo que estaba esperando con ansia aquel encuentro, porque al parecer, Dios nuestro SeГ±or habГ­a dispuesto el final de su peregrinaciГіn por este mundo y, antes de partir en paz, deseaba confiarle su mГЎs Г­ntimo y terrible secreto.

Fray Nicolau le respondiГі que ahora tan sГіlo debГ­a preocuparse de su pronta recuperaciГіn, y el anciano sonriГі con tristeza. Ambos frailes pertenecГ­an a la orden de los frailes predicadores. Fray GerГіnimo habГ­a sido Comisario de la InquisiciГіn; acompaГ±ando como escribano a su Eminencia ReverendГ­sima, Nicolau Rosell, Inquisidor General de la Corona de AragГіn.

Fray Gerónimo había sido algo más que un padre para fray Nicolau Eimeric. El fue quien recibió sus primeros votos de consagración al Señor y quien le acompañó en el camino de formación hasta su ordenación sacerdotal. Muchas veces, Nicolau Eimeric daba gracias a Dios por haberlo tenido como maestro. Fray Gerónimo siempre quiso transmitirle seguridad; una seguridad que fray Nicolau siempre percibió ausente en el anciano, a pesar de que se esforzaba en disimularlo. Es muy probable que tan sólo fray Nicolau, que había tenido ocasión de conocerlo más de cerca, adivinara el drama interior que atormentó a fray Gerónimo durante toda su vida… aunque nunca lo dijera directamente. Aquellos ojos grises y fríos del anciano, tan hábiles para ocultar sus pensamientos y pasiones, siempre habían impresionado a fray Nicolau Eimeric.

En su juventud, fray GerГіnimo habГ­a sido profesor en Valencia. Disfrutaba enseГ±ando; escuchГЎndole, la pГЎgina mГЎs difГ­cil y oscura de la Escritura se convertГ­a en sus labios en un texto diГЎfano y sin secretos. Aparte de ser un apasionado amante del hebreo, era ademГЎs un experto conocedor de la cultura semГ­tica y de la religiГіn judГ­a -cosa que nunca agradГі demasiado a sus superiores en Roma y en AragГіn-. Y fue, precisamente, su gran conocimiento de las Sagradas Escrituras lo que le llevГі a ocupar el puesto de comisario de la Santa InquisiciГіn; oficio que jamГЎs hubiera querido desempeГ±ar y que, seguro, nunca imaginГі para Г©l. Fray Nicolau Rosell lo querГ­a a su lado y tuvo que aceptar el cargo por obediencia del legado pontificio. HabГ­an sido vanas todas las objeciones e impedimentos del prior provincial de AragГіn, a quien fray GerГіnimo habГ­a acudido con la esperanza de poder seguir desempeГ±ando su humilde servicio acadГ©mico en Valencia. Pero la corte pontificia tenГ­a las ideas muy claras y habГ­a tomado ya una resoluciГіn, y los dominicos -al contrario que los franciscanos, con los que Roma siempre habГ­a tenido mayores problemas de orden disciplinario- siempre se habГ­an caracterizado por su obediencia ciega a los dictГЎmenes pontificios. Y asГ­, sin quererlo, fray GerГіnimo se encontrГі formando parte de este Santo Tribunal, durante tanto tiempo. SГіlo Г©l sabГ­a cuГЎntos problemas de conciencia le iba a ocasionar el haber aceptado por obediencia aquel oficio.

Y ahora, Dios había querido que también sufriera por aquella nueva y terrible enfermedad…

Uno de los fГ­sicos se inclinГі sobre el anciano y le practicГі una incisiГіn en su delgado brazo derecho. DespuГ©s colocГі una escudilla bajo el corte, y dejГі que la oscura sangre que manaba de la herida la fuera llenando lentamente.

Fray Nicolau Eimeric apartГі brevemente los ojos. Ambos sabГ­an que nadie sale con vida de este mal, y que era tan sГіlo cuestiГіn de dГ­as el que Dios tuviera a bien llamarle a su lado. Sin embargo, antes de que esto sucediera, habГ­a algo importante que fray GerГіnimo debГ­a confiar a su discГ­pulo, a pesar del parecer contrario de su buen amigo fray Alessio, a quien habГ­a consultado antes de hablar con Г©l. Se trataba de un asunto que habГ­a estado atormentando su alma durante los Гєltimos treinta aГ±os de su vida, y que necesitaba compartir con alguien de su confianza, con su juventud y su ГЎnimo, que quizГЎ lograra hallar respuestas allГ­ donde Г©l sГіlo habГ­a encontrado misterios e interrogantes.

Fray GerГіnimo le tendiГі el pergamino que estaba consultando, y fray Nicolau Eimeric lo leyГі:

Sancho, por la gracia de Dios Rey de Mallorca, a todos sus sГєbditos y cada uno de sus oficiales ВЎsalud y dilecciГіn!

Nuestro querido hermano fray Nicolau Rosell, dominico, doctor en teologГ­a, Inquisidor General de la Corona de AragГіn, especialmente enviado por la Sede ApostГіlica a nuestras tierras y posesiones para el servicio de Dios y de su culto, para la exaltaciГіn de la fe catГіlica, y para arrancar el detestable crimen de herejГ­a de nuestro reino si floreciera y enraizase. Se dirige hacia las tierras bajo vuestra tutela para investigar al llamado Doctor Iluminado, RamГіn Llull. Nosotros, como prГ­ncipe catГіlico consciente de haber recibido de manos del AltГ­simo grandes bienes e innumerables honores, deseamos por encima de todo placer en todo, y particularmente en lo que ataГ±e a su culto, a Dios, nuestro Creador. Por lo tanto queremos proteger en todo al inquisidor, como enviado especial de Dios, y pretendemos favorecerle continuamente. Por ello decimos a cada uno de vosotros, y a cada uno de vosotros ordenamos, bajo pena de nuestro rigor, que ayudГ©is al Inquisidor General, Nicolau Rosell y a su Comisario, fray GerГіnimo de JГЎtiva, todas las veces que, para ejercer su misiГіn, se dirija a vuestras tierras y pida ayuda al brazo secular. Os ordenamos que acojГЎis favorablemente al inquisidor; prender o mandar arrestar a todos los que el inquisidor os designe por sospechosos del crimen de herejГ­a, por difamados de herejГ­a o por herejes, y conducirlos, bajo vigilancia, al lugar que os indique el inquisidor; aplicarles las penas merecidas segГєn Г©l lo estime y con arreglo a las costumbres. Os ordenamos secundar al inquisidor siempre que lo solicite y sean cuales fueren sus motivos. Y, para que el inquisidor pueda cumplir su cometido con toda seguridad y con toda libertad, por el presente documento tomamos bajo la protecciГіn de nuestra real clemencia a Г©l, a su comisario, su notario, su escolta y sus bienes. Os ordenamos observar de modo inviolable esta real protecciГіn del inquisidor, de los suyos y de sus bienes, de poner cuidado en que nadie les ataque en modo alguno ni en persona ni en sus bienes. Asegurad sus desplazamientos y su paso cada vez que el inquisidor os lo requiera.

Dado en Montpellier con nuestro sello real, en el aГ±o de la encarnaciГіn de Nuestro SeГ±or Jesucristo mil trescientos doce, en el dГ­a veintitrГ©s del mes de febrero.

Fray Nicolau Eimeric se santiguГі incrГ©dulo ante lo que acababa de leer.


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