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«Los muros de JericГі», Jorge Molist

Иллюстрация к книге

A Florenci y Francisca

La televisiГіn y las pelГ­culas de cine representan una de las mayores fuerzas persuasivas.

Mario Cuomo

ex gobernador de Nueva York, julio de 1997

En este mundo, creado por el Diablo, sГіlo puedes esperar lo inesperado.

RamГіn VI,

conde de Tolosa, 1156-1222

Levantando, pues, el grito todo el pueblo de Israel, y resonando las trompetas… de repente cayeron las murallas de Jericó, y subió cada cual por la parte que tenía delante de sí, y se apoderaron de la ciudad.

Y pasaron a cuchillo a todos cuantos había en ella, hombres, mujeres, niños y viejos…

JosuГ© 6-20, 21

 

MARTES

1

Las luces tenues del monitor y de una lamparilla de habitaciГіn de hotel iluminaban el teclado de un ordenador portГЎtil y unas manos blancas, casi perfectas.

La pantalla se detuvo pidiendo una contraseГ±a y los alargados dedos la introdujeron, tecleando con fuerza: В«ArkГЎngel.В»

Varios mensajes esperaban en el buzГіn, pero las manos dirigieron el ratГіn a uno que firmaba Samael.

El Гєnico dedo imperfecto, el Г­ndice de la mano derecha, que mostraba un corte vertical dividiendo la uГ±a al estilo pezuГ±a de ungulado, pulsГі con rapidez el botГіn enter.

Un comunicado apareciГі en pantalla y los dedos se apoyaron en la mesita de noche.

В«Se han seguido tus instrucciones al pie de la letra. En dos dГ­as, sonarГЎn las trompetas de los elegidos y los muros de JericГі empezarГЎn a derrumbarse. Samael.В»

В«Dios te bendiga, Samael. Y que ayude a nuestros hermanosВ», escribiГі como respuesta.

Y firmГі: В«ArkГЎngel.В»

Acto seguido las manos ordenaron el envГ­o del mensaje y, una vez comprobada su salida, borraron ambos textos.

JUEVES

2

– Buenos días, señor Gutierres. -El guarda, pies juntos y sosteniendo un subfusil automático, mostraba al sonreír unos grandes incisivos superiores.

– Buenos días, Mike -respondió Gus Gutierres al tiempo que saludaba, con su mano enfundada en guantes de motorista, a los dos hombres que se encontraban en la garita de control.

– A pesar de lo tarde que regresaron anoche, se ha levantado usted antes que el sol. Un sueño muy corto.

– Sí, fue corto. -Su voz sonaba amortiguada por el casco-. Cenamos con el productor y el equipo de élite de una película que mañana inicia rodaje. Esas veladas se hacen interminables.

El gran portГіn metГЎlico del rancho empezГі a abrirse, y Gutierres lanzГі una mirada a los monitores del circuito exterior de seguridad, que, a pesar de la distancia de varios metros, se podГ­an ver iluminados en el puesto de guardia. Era un movimiento tan innecesario como reflejo. Sin duda el encargado del acceso habГ­a comprobado que nadie merodeara en la parte exterior de la entrada principal.

El faro de la Harley-Davison iluminaba el suficiente espacio para salir, y Gutierres hizo una seГ±a para detener la apertura; no convenГ­a que la entrada estuviera abierta mГЎs tiempo de lo necesario.

– Hasta luego -se despidió.

– Que tenga un buen día, señor.

BajГі la visera del casco y, encontrГЎndose alejado del edificio principal de la finca, se concediГі el placer de hacer rugir el motor a toda potencia.

Las primeras luces del dГ­a aparecieron cuando rodaba con rapidez por el camino flanqueado de eucaliptos y adelfas aГєn preГ±adas de tinieblas. DespuГ©s de la noche de lluvia, la maГ±ana prometГ­a ser esplГ©ndida; pero Gus Gutierres no apreciaba la belleza del amanecer. El dГ­a empezaba para Г©l con desazГіn, de forma extraГ±a, e intuГ­a que aquella jornada serГ­a una hoja de calendario mГЎs en su purgatorio personal.

Se habГ­a despertado de madrugada, con una inquietud recurrente. SentГ­a la tensiГіn acumulada entre la cruz de su espalda y la nuca en forma de dolor. В«Algo va malВ», le decГ­a su cuerpo, sin poder precisar el origen de la preocupaciГіn. ВїUn presentimiento? ВїSerГ­a el resultado de una pesadilla o simplemente uno de sus frecuentes ataques de perfeccionismo profesional?

Cualquiera que fuera la causa, no pudo conciliar de nuevo el sueГ±o y decidiГі comprobar fГ­sicamente que todo estaba en orden. Sin remordimiento alguno, despertГі a Bob para informarle de que debГ­a tomar el mando en el rancho.


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