Размер шрифта:     
Гарнитура:GeorgiaVerdanaArial
Цвет фона:      
Режим чтения: F11  |  Добавить закладку: Ctrl+D
Следующая страница: Ctrl+→  |  Предыдущая страница: Ctrl+←
Показать все книги автора/авторов: MarГ­as Javier
 

«TravesГ­a Del Horizonte», Javier MarГ­as

Иллюстрация к книге

Para Carmen GarcГ­a Mallo

 

LIBRO PRIMERO

AГєn no sГ© si sus intenciones eran, como Г©l manifestaba con demasiada reiteraciГіn, puramente romГЎnticas, o si bien todo aquel artificio respondГ­a a un postrer esfuerzo por restablecer su menguada reputaciГіn de intrГ©pido aventurero; o bien, incluso -y aunque no creo que asГ­ fuera-, si se debГ­a a las vulgares ofertas de alguna instituciГіn cientГ­fica. Bien es verdad que los que nos vimos envueltos en ello nos dejamos convencer con excesiva facilidad por su entusiasmo, y hasta me atreverГ­a a decir, aunque me cueste confesarlo a la vista de los resultados, que cuando surgieron los primeros inconvenientes, todavГ­a en tierra, y se hablГі de abandonar lo que aГєn no era mГЎs que un proyecto, fuimos nosotros, y no los oportunistas hombres de ciencia que amparados por las autoridades ya se nos habГ­an agregado, quienes mГЎs empeГ±o pusimos en superarlos y mГЎs insistimos en que, a pesar de las adversidades y aun en las peores condiciones, debГ­amos zarpar.

 

Tal vez no sea muy honesto y lo mГЎs probable es que trate de consolarme mediante errГіneas suposiciones, pero pienso que en otras circunstancias, en ParГ­s, por ejemplo, las cosas se habrГ­an desarrollado de muy distinta manera. Si nuestro primer encuentro hubiera tenido lugar en los Italianos, una maГ±ana primaveral, o en la Гіpera, durante el transcurso de un sabroso entreacto en el palco de Mme D' Almeida, en vez de haberse producido de forma abrupta en medio de la inmensidad de nauseabundas aguas que dГ­a tras dГ­a nos cercaban, es muy posible que ahora mis quejas, al menos, estuvieran revestidas de cierta elegancia y privadas de tanto rencor.

 

En AlejandrГ­a el clima es inconstante desde diciembre hasta marzo, pero predominan los dГ­as frГ­os y soleados y de vez en cuando hay fuertes precipitaciones de lluvia y granizo acompaГ±adas de vientos tormentosos. Agosto es el mes mГЎs cГЎlido, y aunque en esta Г©poca del aГ±o la brisa del mar modera las temperaturas, la humedad es notable y sumamente perjudicial para la salud. La ciudad, Al Iskandariyah para sus habitantes, se encuentra sobre una faja de terreno que separa al MediterrГЎneo del lago Mareotis y sobre un promontorio en forma de T que da pie a la existencia de puertos al este y al oeste. La vertical de la T era, antiguamente, una mole que llegaba hasta la isla de Faros, en cuya parte oriental Ptolomeo II mandГі construir su faro por el elevado precio de 800 talentos. Tal vez la zona mГЎs bella de la urbe sea la del puerto; o quizГЎ no, en tal caso lo serГ­a la Grand Square (antes Place des Consuls), con la iglesia anglicana de St Mark al norte, edificada sobre un terreno regalado por Mohammed Ali el Grande a la comunidad britГЎnica en 1839, la zona mГЎs europea de la ciudad.

 

La sensaciГіn de hacer el ridГ­culo, de perder una oportunidad largo tiempo ansiada, de comportarse de manera innoble, de desbaratar unos planes para siempre, de no estar a la altura de las circunstancias, de carecer de tacto y de mesura, de resultar impertinente y poco sutil, de perder las simpatГ­as de otra persona, y, en resumen, de ser un patГЎn, es quizГЎ la mГЎs dolorosa y humillante que un caballero puede experimentar.

Sin embargo, una reconsideraciГіn de los hechos, unas horas mГЎs tarde, tranquila y despejada mi mente gracias a la brisa nocturna, logrГі aliviar mis pesares y devolverme la serenidad: para aquellas personas que, como yo, tienden a ser dГіciles y fГЎciles de contentar, no es problema hallar argumentos que, una vez desechado un proyecto o perdida una ilusiГіn, nos convenzan de su banalidad e incluso consigan que nos regocijemos y nos sintamos liberados ante dicha privaciГіn. A la maГ±ana siguiente todo -o casi todo- habГ­a sido olvidado.

LIBRO SEGUNDO

Al ser mencionada cierta persona que, segГєn uno de los asistentes, habГ­a muerto en bancarrota a causa de su desmedido amor por la pintura despuГ©s de haber gozado durante muchos aГ±os de una posiciГіn de privilegio, un caballero, cuyo nombre no habГ­a podido captar dos horas antes, cuando me habГ­a sido presentado, comentГі con pesadumbre el reciente fin en parecidas circunstancias de un buen amigo suyo que habГ­a dedicado su vida y su fortuna a tratar de averiguar los motivos que habГ­an impulsado a Victor Arledge, en su primera madurez, a abandonar la literatura y refugiarse en la mansiГіn de un lejano pariente escocГ©s, donde habГ­a fallecido tres aГ±os mГЎs tarde, a la edad de treinta y ocho. Interrogado por una de las seГ±oras, que, de acuerdo con la informaciГіn que se me dio con posterioridad, habГ­a realizado una tesis sobre la figura del famoso autor y desconocГ­a la existencia -y por tanto las investigaciones- del amigo del seГ±or Holden Branshaw -o Hordern Bragshawe- Г©ste manifestГі que, sin embargo su amigo aunque no habГ­a llegado a establecer en su totalidad las causas que nos habГ­an hecho perder prematuramente a tan firme valor literario habГ­a descubierto datos suficientes para trabar una historia tan ambigua y atractiva acerca de personaje en cuestiГіn que durante el Гєltimo aГ±o de su vida se habГ­a dedicado a verterla en forma de novela, obra que, con el tГ­tulo de La travesГ­a del horizonte, se encontraba ahora en su poder y que, en su opiniГіn, representarГ­a una vez publicada la triste consagraciГіn de su amigo como uno de los mejores novelistas de los Гєltimos tiempos, y que por ello, si bien, como antes habГ­a seГ±alado, Г©ste habГ­a perdido su vida y su dinero, se podrГ­a decir, desde un punto de vista no demasiado exigente, que no habГ­a perdido su tiempo.

Las categГіricas afirmaciones del seГ±or Branshaw no suscitaron ninguna reacciГіn entre los presentes y, puesto que la noche avanzaba y la reuniГіn habГ­a ido languideciendo desde hacГ­a media hora, los invitados se levantaron con una unanimidad que demostraba que constituГ­an un verdadero grupo, se despidieron de mГ­ no sin antes haberme dado las gracias por tan agradable velada, y partieron. Cuando regresГ© al salГіn tuve ocasiГіn de comprobar que, sin embargo, ni el seГ±or Branshaw ni la dama que habГ­a realizado su tesis sobre Victor Arledge se habГ­an movido de sus asientos y que charlaban con reservada amistosidad. Me servГ­ una copa de oporto y, haciendo el menor ruido posible para no interrumpirles, me sentГ© en un sillГіn. La damita, menuda y de edad indefinida, tanto como lo eran el color de su sencillo vestido y las causas de su presencia en mi salГіn, seguГ­a interrogando, si bien con cortesГ­a tambiГ©n con cierta avidez mal disimulada, al seГ±or Branshaw acerca de la novela de su amigo. DespuГ©s de un velado forcejeo en el que la seГ±ora llevaba la peor parte -las respuestas de Branshaw eran mГЎs que lacГіnicas y era evidente que tenГ­a prisa- ella se decidiГі a pedirle que le prestara la novela durante unos dГ­as, ya que su publicaciГіn, al depender todavГ­a del permiso que habrГ­an de otorgar los parientes de Arledge para la revelaciГіn de secretos de la vida del autor, no era definitiva. Ante mi relativo asombro -tal vez fueron las prisas mencionadas y el visible afГЎn de Branshaw por zafarse de momento de las preguntas de la damita lo que le impulsГі a hacer aquella proposiciГіn- concertaron una cita para el dГ­a siguiente por la maГ±ana con la perspectiva de una lectura en voz alta que evitarГ­a al seГ±or Holden Branshaw tener que desprenderse, aunque solo fuera por unos dГ­as, del original de la obra. No se Si por deferencia o por temor a encontrarse totalmente a solas con la seГ±ora, Branshaw me rogГі que, si el asunto me interesaba o despertaba mi curiosidad, no dejara de acudir a su casa al dГ­a siguiente, a lo que yo, sin duda por deferencia contestГ© que no faltarГ­a y que le agradecГ­a mucho su gentileza. Holden Branshaw y la damita, ella con el rostro encendido de satisfacciГіn, se despidieron y partieron por diferentes caminos.

Cuando me despertГ© a la maГ±ana siguiente, mГЎs tarde de lo que acostumbro, sin acordarme para nada del seГ±or Branshaw, algo aletargado tal vez por la Гєltima copa de oporto, una sirvienta estaba poco menos que aporreando mi puerta y me anunciaba con insistencia que la seГ±orita Bunnage me aguardaba en el salГіn desde hacГ­a diez minutos. Me preguntГ© durante unos segundos quiГ©n podrГ­a ser la seГ±orita Bunnage y acto seguido me levantГ©, ordenГ© a la criada que preparara desayuno para dos y que le comunicara a la seГ±orita la Bunnage que bajarГ­a en cinco minutos, y me apresurГ© a lavarme y vestirme sin volver a preguntarme por la posible identidad de aquella dama que, de hecho, Вїpor quГ© no decirlo?, habГ­a tenido el descaro de presentarse en mi casa sin previo aviso a las nueve y media de la maГ±ana. De no muy buen talante bajГ© por fin y, antes de que atravesara la puerta del salГіn, la damita de la noche anterior saliГі a recibirme, llena de excitaciГіn.

– Perdone mi atrevimiento -dijo-. Iba ya hacia la casa del señor Branshaw y al pasar por aquí pensé que podría recogerlo. Tengo un coche esperando fuera y ya llegamos tarde a la cita. No recordaba a qué hora habíamos quedado con el señor Branshaw y por ello, con escaso éxito de todas formas, sólo me atreví a insinuar la conveniencia de tomar algo antes de encerrarnos en una casa para escuchar una novela de quién sabía qué longitud. Pero la señorita Bunnage era intransigente y no quiso ni oír hablar de ello. Me cogió de un brazo mientras repetía una y otra vez que el coche estaba esperando y me vi obligado a seguirla. Una vez puestos en marcha pareció calmarse y pude observar que llevaba una carpeta llena de hojas en blanco.

– ¿Cree usted que el señor Branshaw me dará algo de comer si se lo pido? -dije.

La señorita Bunnage sonrió y contestó: -No se preocupe, se lo pediré yo. – Y añadió-: ¿Sabe? Esta cita es muy importante para mí. Si todo resulta como yo espero, podré evitar una injusticia.

– Creí que simplemente le interesaba Víctor Arledge -comenté yo.

– Y así es.


Еще несколько книг в жанре «Современная проза»

Наставники, Чарльз Сноу Читать →

Палисандрия, Саша Соколов Читать →