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«Asuntos de un hidalgo disoluto», Hector Faciolince

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A las aes de sus nombres

(Seu coraçao talvez movido a corda…)

MГЎrio de SГЎ-Carneiro

Pero lo malo es que todas estas cosas

vienen a dar un fracaso irremediable

Relati de Gaspar, LeГіn de Greiff

 

PrГіlogo

En el que se declaran nombres y pronombres

 

Aquel que dice sí, esta boca es mía (un deslenguado), su humilde servidor, Gaspar Medina para mayores señas, el que esto escribe, quien dicta estos recuerdos presumidos, el hijo de mi madre… No: máscara idiota. Yo. Yo yo yo yo yo. La verdad está en este fastidioso monosílabo, tocayo de todos, pronombre del que cualquiera se cree dueño, comodín para el rey, el burgués, el vasallo, el santo, el asesino, y mágico sonido para mí: yo. I, io, moi, ich. Yo.

Yo, palabra impГєdica, yo, el nombre que me doy a toda hora, yo. Yo voy a recordar los yoes que he sido desde que soy yo. Desde que de mГ­ me acuerdo (poco), desde aquel yo de ayer, plural, lejano y sucesivo, hasta este yo de hoy en que empiezo a dictar y ya soy otro, hasta ese de maГ±ana en que termine estas memorias del otro yo que serГ©. Una alucinatoria y grotesca galerГ­a de espejos que repiten la imagen siempre distinta de mГ­ mismo.

Yo estoy aquГ­ sentado frente al escritorio, casi inmГіvil, con mi boca que se abre y se cierra como la de un pez tonto del que no salen burbujas sino palabras copiadas de inmediato por mi amanuense y leГ­das quiГ©n sabe cuГЎndo por usted. Somos tres: mi secretaria, usted y yo. Yo me llamo como queda escrito, mi secretaria se llama Cunegunda Bonaventura, llГЎmese usted como se llame usted. Los tres y este papel. Sin mentiras ni falsa modestia. Como yo soy quien dicta, como yo soy el arbitrario, como soy el demiurgo estrafalario, como soy el locuaz atrabiliario, debe saberse desde ahora que aquГ­ el que manda soy yo. Yo solo. Un dios torpe, por el momento, con una secretaria de ventrГ­locuo. Y no de ventrГ­culo, todavГ­a no. ВїEstГЎ claro? Yo, ella, usted y este papel. Como en la primera clase de gramГЎtica yosoy tГєeres ustedes Г©les. Uno que habla, yo, una que copia, tГє, uno que lee, usted, gracias a Г©l, este papel. Quiero parecer metГіdico, ordenado, porque sГ© que despuГ©s no lo serГ©. No soy capaz. O no me da la gana. Salto de aquГ­ para allГЎ. Mis recuerdos son una jaurГ­a de ecos que rebotan en el crГЎneo, voces que ladran y muerden.

De las dos fechas, la cuna y la sepultura, el principio y el fin de cada uno, estoy muy cerca de la segunda y lejГ­simos de la primera. Pero estoy anticipando demasiado para un prГіlogo, vestГ­bulo del libro en que nos saludamos. Ya habrГЎ tiempo y pГЎginas para decirlo todo. Todo: mis dichos, disparates, dictados y dicterios: todo.

Lector (si existes), yo sГ© que no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastarГЎ para animarme. Lector, yo sГ© que eres indigno de poner un pie en mi casa, pero una palabra tuya bastarГЎ para crearme. Lector, yo sГ© que no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastarГЎ para sanarme.

VerГЎs la gente que he conocido, las ciudades en las que vivo, las edades que tuve, los libros que sigo leyendo, lo que pensГ© y pienso, lo poco que hice y lo menos que me hicieron. Trozos de lo vivido y pedazos de mГ­ mismo que quizГЎ lleguen a coincidir conmigo. Fragmentos de lo que vivГ­, pero no en el orden en que pasГі, sino en el orden con que sale del olvido. Este es mi Г­ndice, no el dedo, sino el sumario de mi vida. Y este es mi Г­ndice, ahora sГ­ digo el dedo, que se levanta y se vuelve sobre mГ­ para apoyarse en el esternГіn mientras digo una vez mГЎs: yo. Yo. Yo y punto. Lo que he venido a ser, si es que soy algo, despuГ©s de todo lo que he sido. Esto.

I

Donde se habla del beso de Eva, la primera mujer

 

Vine a saber que era rico como a los quince aГ±os, por los mismos dГ­as en que supe que los besos no se daban tan sГіlo con los labios. Era una cuestiГіn de pudor, me imagino, pues si mucho, hasta la adolescencia, yo sabГ­a que Г©ramos acomodados, una palabra que para mГ­ querГ­a decir sillones o jardГ­n, cualquier cosa, pero no riqueza. Ambas revelaciones se las debo a la lengua de la misma persona, Eva Serrano, la hija de unos amigos de mis padres.

Eva era un aГ±o mayor que yo y, como yo, hija Гєnica. Su familia era chilena, pero vivГ­an en Colombia desde hacГ­a un par de aГ±os. Los fines de semana, cuando iban a visitarnos al campo, mientras los adultos se sumergГ­an en interminables partidas de canasta, Eva y yo hacГ­amos que nos ensillaran los caballos y salГ­amos a montar por los caminos de herradura que pasaban cerca de la finca. A veces llenГЎbamos las alforjas de fiambre y nos parГЎbamos a comer por ahГ­, a la orilla de una quebrada. Yo no sabГ­a entonces que tambiГ©n en los libros los amores se consuman al lado de un arroyo, pero fue ahГ­, entre el rumor de la quebrada, donde Eva me revelГі los misterios de mi situaciГіn econГіmica y de la pasiГіn con que era posible darse un beso.

Esa entrada repentina de una lengua en el espacio vedado de mi boca sigue siendo una de las mayores sorpresas de mi vida. No se me habГ­a pasado por la cabeza que ademГЎs de tenedores y cepillos de dientes algГєn otro cuerpo extraГ±o pudiera rebasar la frontera de mis labios, y mucho menos ese obtuso mГєsculo hГєmedo. Mucho tiempo despuГ©s, en la BasГ­lica del Santo, en Padua, me di cuenta de que los demГЎs, en cambio, habГ­an comprendido desde siempre la importancia de ese huГ©sped permanente de la boca, y asГ­ lo demostraba la venerable reliquia de la lengua incorrupta de san Antonio. Lamer un chupete, tragar una fruta, distinguir lo dulce de lo amargo y lo salado, articular sonidos, tan sГіlo estas funciones conocГ­a mi lengua hasta que la apariciГіn de Eva Serrano me abriГі la boca y el entendimiento a otras posibilidades.

Muchas veces me preguntГ© dГіnde habrГ­a aprendido ella, tan joven, a besar asГ­, pero ahora no me importa. Que tuviera tanta conciencia de la situaciГіn de mi familia, al contrario, me resultГі claro muy pronto. Su padre era empleado en una compaГ±Г­a transnacional y el sueldo que le daban, aunque bueno, no le habГ­a permitido nunca poseer ciertas cosas de las que mi familia disponГ­a como algo natural. El punzГіn de esa disparidad, unido a la incesante inseguridad pecuniaria de la familia Serrano, habГ­an hecho que Eva tuviera siempre muy presente nuestros sillones y jardines, que eran, claro estГЎ, la riqueza de mi casa. Por esta mezcla de dinero y lengua, a veces lleguГ© a pensar (pero es una ocurrencia que ahora rechazo, pues mancilla el recuerdo de mi primera mujer) que los besos lingГјГ­sticos de Eva eran una estratagema ingeniada por su madre para tratar de consolidar un noviazgo provechoso. En todo caso, tuve el privilegio de que mi primera experiencia me cogiera desprevenido por esas dos partes, plata y lengua, que influyen como ninguna otra en el principio y fin del matrimonio. Como en mi casa estaba prohibido hablar de dinero, yo no sabГ­a que era, hasta que Eva me lo dijo, un buen partido.

La pГ©rdida de la inocencia, para mГ­, no consistiГі, pues, en la uniГіn de nuestros respectivos y castos genitales, asunto en el que ya mi padre me habГ­a aleccionado con la ayuda de algunas lГЎminas de la Enciclopedia BritГЎnica, sino en la uniГіn de las lenguas. De este hГєmedo contacto no hablaban ni mi padre ni la Enciclopedia BritГЎnica pues recuerdo muy bien que al volver de la finca me fui derecho a la biblioteca de la casa para consultar el artГ­culo kiss, y luego, con desconcierto creciente, el apartado tongue, sin hallar la respuesta que buscaba. AГєn conservo esos tomos de mi padre, llenos de teorГ­a pero desiertos de informaciГіn prГЎctica en los que el beso es the act of pressing or touching with the lips, the cheek, hand or lips of another, as an expression of love, affection, reverence or greeting. La mano, la mejilla, mГЎximo los labios del otro, pero no la lengua. DespuГ©s el artГ­culo habla del osculum pacis, pero tampoco era esto lo que me interesaba. CreГ­ con ingenuidad que la soluciГіn podГ­a estar en el artГ­culo lengua y el resultado fue desastroso pues si bien daba montones de datos (que la lengua era un mГєsculo mГіvil de la mayorГ­a de los vertebrados, que estaba localizada en la parte de abajo de la boca, que era muy Гєtil para hablar, masticar y tragar), no decГ­a ni una palabra sobre los besos. SostenГ­a incluso que la lengua informa sobre los pedacitos de comida que se nos quedan atrancados entre los dientes, pero de besos ni una palabra. Por lo visto la lengua de Eva, mГЎs sabia, sabГ­a mГЎs que la BritГЎnica. Por ella me enterГ© de la humedad carnal de dos bocas abiertas en contacto. Y tambiГ©n de su lengua recibГ­ la revelaciГіn de lo que en el fondo querГ­a decir acomodados. Pero me estoy repitiendo.

DespuГ©s de mi fracaso enciclopГ©dico, todavГ­a en busca de luz y de consuelo a mi ignorancia, revelГ© el asunto a mi tГ­o Jacinto, un viejo monseГ±or enfermo, hermano de mi madre, durante mi obligatoria visita semanal a los parientes. Mi tГ­o escuchГі en silencio el relato de los besos. Sin decir una palabra se levantГі del sillГіn que le servГ­a de confesionario y sacГі con sus dedos estragados uno de los volГєmenes de su extensa biblioteca. Con gran solemnidad me pidiГі que cerrara los ojos y escuchara. El libro que habГ­a escogido era de san JerГіnimo, estaba escrito en latГ­n y tГ­o Jacinto me fue traduciendo un trozo de corrido. Contaba un episodio en la vida de un mГЎrtir y decГ­a mГЎs o menos asГ­:


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