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«Juego De Espejos», Daniel Silva

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TГ­tulo original en inglГ©s: The Unlikely Spy

TraducciГіn: MarГ­a Vidal

Para mi esposa Jamie, cuyo amor,

apoyo y constante aliento han hecho

posible esta obra, y para mis hijos,

Lily y Nicholas

 

PrГіlogo

En abril de 1944, mes y medio antes de la invasiГіn de Francia, el propagandista nazi William Joyce -mГЎs conocido por el sobrenombre de Lord Ejem Ejem- transmitiГі por radio a Gran BretaГ±a una noticia espeluznante.

SegГєn Joyce, Alemania sabГ­a que los aliados estaban construyendo enormes estructuras de hormigГіn en el sur de Inglaterra. Alemania sabГ­a tambiГ©n que tales estructuras iban a remolcarse a travГ©s del canal de la Mancha, durante la inminente invasiГіn, y que se procederГ­a a su hundimiento frente a las costas de Francia. Joyce declarГі: В«Bueno, pues les vamos a echar una mano, muchachos. Cuando zarpen con ellas, les ahorraremos el trabajo y las hundiremos por el caminoВ».

Sonaron las sirenas de alarma en el seno del servicio de InformaciГіn britГЎnico y del Alto Mando aliado. Las estructuras de hormigГіn a las que aludГ­a Joyce eran en realidad parte integrante de un gigantesco puerto artificial destinado a NormandГ­a, cuyo nombre en clave era OperaciГіn Mulberry. Si verdaderamente los espГ­as de Hitler estaban enterados del propГіsito de dicha operaciГіn, muy bien podГ­an conocer asimismo el secreto mГЎs importante de la guerra: el momento y lugar precisos de la invasiГіn de Francia.

Al cabo de varios dГ­as de preocupada inquietud, los temores pudieron desecharse cuando el contraespionaje estadounidense interceptГі un mensaje del embajador del JapГіn en BerlГ­n, teniente general barГіn Hiroshi Oshima, dirigido a sus superiores de Tokio. Oshima recibГ­a informes periГіdicos de sus aliados alemanes sobre los preparativos de la inmediata invasiГіn. De acuerdo con el mensaje interceptado, los servicios de inteligencia germanos creГ­an que las estructuras de hormigГіn eran parte de un gigantesco complejo antiaГ©reo, y no un puerto artificial.

ВїPero cГіmo pudo cometer la Inteligencia alemana tan craso error? ВїSimplemente interpretaron mal los datos de su propio servicio de informaciГіn? ВїO alguien los engaГ±Гі?

Este proyecto es de importancia

tan vital que puede considerarse

el quid de toda la operaciГіn.

MemorГЎndum del Almirantazgo

Teniendo en cuenta los miles de

trabajadores que, en un momento

u otro, colaboraron en la obra, es

asombroso que el enemigono llegase

a tener idea de lo que se tramaba.

Guy HARTCUP

Fuerza Mulberry

En la guerra, la verdad es tan

importante que debe ir siempre

acompaГ±ada de una buena escolta

de mentiras.

Winston CHURCHILL

 

PRIMERA PARTE

1

Suffolk (Inglaterra), noviembre de 1938

 

Beatrice Pymm muriГі aquella noche porque perdiГі el Гєltimo autobГєs de Ipswick.

Veinte minutos antes de morir se encontraba en la lГєgubre parada y leГ­a el horario a la escasa luz de la Гєnica farola existente en la calle del pueblo. Al cabo de unos pocos meses, la claridad de aquella farola se extinguirГ­a de acuerdo con las normas que iban a obligar a las poblaciones a sumirse en la oscuridad. Beatrice Pymm no llegarГ­a a conocer tales oscurecimientos oficiales.

En aquel momento, la farola apenas proporcionaba la luz justa para que Beatrice lograse distinguir los datos del horario. Para verlo mejor, se puso de puntillas y deslizГі por debajo de los nГєmeros la punta del dedo Г­ndice sucia de pintura. Su difunta madre siempre se quejaba acerbamente de las manchas de pintura. Opinaba que no era propio de una dama tener constantemente la mano manchada. Nunca dejГі de desear que Beatrice tuviese una aficiГіn mГЎs limpia, que dedicara su tiempo libre a la mГєsica, que emprendiese alguna tarea de voluntariado, incluso que le diese por escribir, aunque la madre no se llevaba nada bien con los escritores.

– Maldita sea -murmuró Beatrice, con la yema del índice aún pegada al cuadro indicador de las horas del servicio de autobuses. Normalmente, Beatrice siempre era puntual hasta la inmoralidad. En una vida sin responsabilidades financieras, sin amigos, sin familia, Beatrice se había establecido un riguroso plan personal. Hoy se había apartado del mismo, al seguir pintando durante demasiado tiempo y al emprender la vuelta a casa demasiado tarde.

SeparГі la mano del horario y se la llevГі a la mejilla; su rostro se contrajo en una expresiГіn preocupada. В«Tiene la misma cara de su padreВ», solГ­a decir siempre la madre en tono de desesperaciГіn: frente ancha y plana, nariz grande y noble, barbilla hundida. A los treinta reciГ©n cumplidos, su cabellera tenГ­a un color prematuramente gris.

Se inquietГі, sin saber quГ© hacer. HabГ­a por lo menos ocho kilГіmetros hasta Ipswich, donde estaba su casa, demasiada distancia para ir a pie. A primera hora del atardecer aГєn habrГ­a suficiente trГЎfico por la carretera. Y tal vez alguien se hubiera brindado a llevarla.

DejГі escapar un largo suspiro de frustraciГіn. Se le helГі el aliento, cuyo vapor flotГі durante unos segundos frente a su rostro y luego volГі impulsado por el gГ©lido viento del pantano. Las nubes se fragmentaron y por los espacios celestes que acababan de abrirse apareciГі una luna rutilante. Beatrice levantГі la mirada y vio el aura de hielo que rodeaba el satГ©lite. Se estremeciГі y por primera vez notГі el frГ­o.

CogiГі sus cosas: una mochila de cuero, un lienzo y un maltratado caballete. Se habГ­a pasado el dГ­a dГЎndole a los pinceles en el estuario del rГ­o Orwell. Pintar era su Гєnico amor y el paisaje de East Anglia su Гєnico tema. La consecuencia era una cierta repeticiГіn en su obra. A su madre le gustaba ver personas en los cuadros, escenas callejeras, cafГ©s llenos de gente. LlegГі incluso una vez a sugerir a Beatrice que se fuese a pintar a Francia durante una temporada. Beatrice se negГі. Le gustaban las ciГ©nagas y los diques, los estuarios y los anchos espacios, las marismas del norte de Cambridge, los ondulantes pastos de Suffolk.


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