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Показать все книги автора/авторов: Виан Борис
 

«La espuma de los dГ­as», Boris Vian

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Prefacio

En la vida, lo esencial es formular juicios a priori sobre todas las cosas. En efecto, parece ser que las masas estГЎn equivocadas y que los individuos tienen siempre razГіn. Es menester guardarse de deducir de esto normas de conducta: no tienen por quГ© ser formuladas para ser observadas. En realidad, sГіlo existen dos cosas importantes: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la mГєsica de Nueva Orleans o de Duke Ellington. Todo lo demГЎs deberГ­a desaparecer porque lo demГЎs es feo, y toda la fuerza de las pГЎginas de demostraciГіn que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo. Su realizaciГіn material propiamente dicha consiste, en esencia, en una proyecciГіn de la realidad, en una atmГіsfera oblicua y recalentada, sobre un plano de referencia irregularmente ondulado y que presenta una distorsiГіn.

Como puede verse, es un procedimiento confesable donde los haya.

 

Nueva Orleans, 10 de marzo de 1946

1

Colin estaba terminando de asearse. Al salir del baГ±o, se habГ­a envuelto en una amplia toalla de rizo, dejando sГіlo al descubierto las piernas y el torso. CogiГі el pulverizador del estante de cristal y rociГі sus cabellos claros con fluida y perfumada esencia. El peine de ГЎmbar dividiГі la sedosa masa en largas estrГ­as rubias, de un leve matiz anaranjado, semejantes a los surcos que hubiera podido trazar con el tenedor en la mermelada de albaricoque alguien que jugara a ser labrador. Colin dejГі el peine y, armГЎndose del cortaГєГ±as, recortГі en bisel los extremos de sus pГЎrpados mates para impregnar de misterio su mirada. TenГ­a que hacerlo a menudo porque le volvГ­an a crecer con rapidez. EncendiГі la lamparita del espejo de aumento y se acercГі para cerciorarse del estado de su cutis. Algunas espinillas brotaban junto a las aletas de la nariz. ViГ©ndose tan feas en el espejo de aumento, se ocultaron con presteza bajo la piel y, satisfecho, Colin apagГі la lГЎmpara. Se quitГі la toalla que le ceГ±Г­a la cintura y se pasГі una puntita entre los dedos de los pies para absorber los Гєltimos restos de humedad. En el espejo, se podГ­a ver a quiГ©n se parecГ­a: al rubio que representaba el papel de Slim en la pelГ­cula Hollywood Canteen. TenГ­a la cabeza redonda, las orejas pequeГ±as, la nariz recta, la tez dorada. SonreГ­a a menudo con una sonrisa de niГ±o pequeГ±o, lo que, por fuerza, habГ­a acabado por hacerle un hoyito en la barbilla. Era bastante alto, delgado, de piernas largas, y muy simpГЎtico. El nombre de Colin le iba bastante bien. Hablaba con dulzura a las muchachas y alegremente a los muchachos. Casi siempre estaba de buen humor; el resto del tiempo, dormГ­a.

DejГі vaciarse la baГ±era practicando un agujero en el fondo. El suelo del cuarto de baГ±o, de baldosas de gres cerГЎmico color amarillo claro, hacГ­a una suave pendiente que orientaba el agua hacia un orificio situado exactamente sobre la mesa de despacho del inquilino que habitaba el piso de abajo. Г‰ste, hacГ­a poco tiempo, y sin advertir a Colin, habГ­a cambiado la mesa de sitio. Ahora, el agua caГ­a sobre la despensa.

DeslizГі los pies en unas sandalias de piel de murciГ©lago y se puso un elegante atuendo de estar en casa: pantalГіn de pana del color verde del agua muy profunda y chaqueta de calamaco color avellana. Puso la toalla a secar en la percha, colocГі la alfombrilla de baГ±o en el borde de la baГ±era y la rociГі de sal gorda para eliminar toda el agua que tuviera. La alfombra comenzГі a babear, formando racimos de burbujitas jabonosas.

SaliГі del cuarto de baГ±o y se dirigiГі a la cocina a fin de inspeccionar los Гєltimos preparativos para la cena; Chick, que vivГ­a muy cerca, iba a ir a cenar, como hacГ­a todos los lunes por la noche. No era mГЎs que sГЎbado, pero Colin tenГ­a ganas de verlo y de hacerle saborear el menГє preparado con serena alegrГ­a por NicolГЎs, su nuevo cocinero. Chick, soltero como Г©l, tenГ­a tambiГ©n su misma edad, veintitrГ©s aГ±os, y gustos literarios afines, pero menos dinero. Colin poseГ­a una fortuna suficiente para vivir bien sin trabajar para nadie. En cambio, Chick tenГ­a que acudir todas las semanas al ministerio para ver a su tГ­o y pedirle dinero prestado, porque su profesiГіn de ingeniero no le daba para vivir al nivel de los obreros que mandaba y resultaba difГ­cil dar Гіrdenes a personas mejor vestidas y mejor nutridas que uno. Colin le ayudaba cuanto podГ­a, invitГЎndole a cenar siempre que venГ­a a mano, pero el orgullo de Chick le obligaba a andar con tacto y no demostrar, con favores demasiado frecuentes, que creГ­a que le estaba ayudando.

El pasillo de la cocina, acristalado a ambos lados, era claro y un sol brillaba por cada uno de ellos, porque a Colin le gustaba mucho la luz. Casi por doquier habГ­a grifos de latГіn lustrados con esmero. Los jugueteos de los soles sobre los grifos producГ­an efectos maravillosos. A los ratones de la cocina les gustaba bailar al son del ruido que hacГ­an los rayos de sol al rebotar en los grifos, y corrГ­an tras las burbujitas que aquГ©llos hacГ­an al pulverizarse contra el suelo, como si fueran chorritos de mercurio amarillo. Colin acariciГі de paso a un ratГіn; era gris y menudo, tenГ­a unos bigotes negros muy largos, y estaba asombrosamente lustroso. El cocinero les daba muy bien de comer, sin dejarles engordar demasiado. Los ratones no hacГ­an ruido durante el dГ­a y sГіlo jugaban en el pasillo.

Colin empujГі la puerta pintada de esmalte de la cocina. El cocinero, NicolГЎs, vigilaba su cuadro de mandos. Estaba sentado delante de un tablero tambiГ©n pintado de esmalte color amarillo claro, donde estaban colocados los cuadrantes correspondientes a los diversos aparatos culinarios que se alineaban a lo largo de las paredes. La aguja del horno elГ©ctrico, graduado para el pavo asado, oscilaba entre В«casiВ» y В«a puntoВ». Se acercaba el momento de retirarlo. NicolГЎs pulsГі un botГіn verde que accionaba el palpador sensible.

Г‰ste penetrГі sin encontrar resistencia, y en ese mismo momento la aguja marcГі В«a puntoВ». Con rГЎpido ademГЎn, NicolГЎs cortГі la corriente del horno y puso en marcha el calientaplatos.

– ¿Estará bueno? -preguntó Colin.

– El señor puede estar seguro -afirmó Nicolás-. El pavo estaba perfectamente calibrado.

– ¿Qué nos ha preparado de entrada?

– Dios mío -dijo Nicolás-, por una vez no he innovado nada. Me he limitado a plagiar a Gouffé.

– ¡Podría haber escogido peor maestro! -observó Colin-. Y ¿qué parte de su obra va a usted a reproducir?

– Está en la página 638 de su Libro de cocina. Voy a leerle al señor el pasaje a que me refiero.

Colin se sentГі en un taburete de asiento acolchado con caucho alveolado revestido de seda parafinada a tono con el color de las paredes, y NicolГЎs se expresГі en los siguientes tГ©rminos:

– «Se hace pasta de hojaldre como para una entrada. Se prepara una anguila de buen tamaño, que se cortará en rodajas de tres centímetros. Éstas se ponen en una cacerola con vino blanco, sal, pimienta, cebolla en rodajas, una ramita de perejil, tomillo, laurel y una puntita de ajo.» La puntita no he podido amarla como me habría gustado -continuó Nicolás-, la piedra está muy gastada.

– Haré que la cambien -dijo Colin.

NicolГЎs prosiguiГі:

– «Una vez cocida, la anguila se retira de la cacerola y se pone en una saltera. El caldo se pasa por la estameña, se le añade salsa española y se reduce hasta que la salsa se adhiera a la cuchara. Se pasa por el tamiz, se recubre con ella la anguila y se le da un hervor durante dos minutos. Se coloca la anguila dentro del hojaldre. Éste se rodea de un collar de champiñones vueltos hacia dentro y se le pone un ramito de lechas de carpa en el centro. Por último, se baña con la salsa que haya quedado.»


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