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«La Naranja MecГЎnica», Anthony Burgess

Иллюстрация к книге

TГ­tulo original

A Clockwork Orange

 

TraducciГіn de AnГ­bal Leal

В«CapГ­tulo veintiunoВ» e В«IntroducciГіnВ»

TraducciГіn de Ana Quijada

 

(*) Cada tГ©rmino de la jerga "nadsat " ha sido vinculado digitalmente a su significado en espaГ±ol, establecido en el glosario; tales vГ­nculos no han sido destacados, para mantener el formato original.

INTRODUCCIГ“N

La naranja mecГЎnica exprimida de nuevo

 

PubliquГ© la novela A Clockwork Orange en 1962, lapso que deberГ­a haber bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo. Sin embargo se resiste a ser borrada, y de esto la versiГіn cinematogrГЎfica de Stanley Kubrick es la principal responsable. De buena gana la repudiarГ­a por diferentes razones, pero eso no estГЎ permitido. Recibo cartas de estudiantes que tratan de escribir tesis sobre la novela, o peticiones de dramaturgos japoneses para convertirla en una suerte de obra de teatro noh. AsГ­ pues, es altamente probable que sobreviva, mientras que otras obras mГ­as que valoro mГЎs muerden el polvo. Esta no es una experiencia inusual para los artistas. Rachmaninoff solГ­a lamentarse de que se le conociera principalmente por un Preludio en Do menor sostenido que compuso en la adolescencia, mientras que sus obras de madurez no entraban nunca en los programas. Los niГ±os afilan sus dientes pianГ­sticos en un Minueto en Sol que Beethoven compuso sГіlo para poder detestarlo. TendrГ© que seguir viviendo con La naranja mecГЎnica, y eso significa que me liga a ella un cierto deber de autor. Tengo un deber muy especial hacia ella en los Estados Unidos, y serГЎ mejor que explique en quГ© consiste.

ExpondrГ© la situaciГіn sin rodeos. La naranja mecГЎnica nunca ha sido publicada completa en NorteamГ©rica. El libro que escribГ­ estГЎ dividido en tres partes de siete capГ­tulos cada una. Recurra a su calculadora de bolsillo y descubrirГЎ que eso hace un total de veintiГєn capГ­tulos. 21 es el sГ­mbolo de la madurez humana, o lo era, puesto que a los 21 tenГ­as derecho a votar y asumГ­as las responsabilidades de un adulto. Fuera cual fuese su simbologГ­a, el caso es que 21 fue el nГєmero con el que empecГ©. A los novelistas de mi cuerda les interesa la llamada numerologГ­a, es decir que los nГєmeros tienen que significar algo para los humanos cuando Г©stos los utilizan. El nГєmero de capГ­tulos nunca es del todo arbitrario. Del mismo modo que un compositor musical trabaja a partir de una vaga imagen de magnitud y duraciГіn, el novelista parte con una imagen de extensiГіn, y esa imagen se expresa en el nГєmero de partes y capГ­tulos en los que se dispondrГЎ la obra. Esos veintiГєn capГ­tulos eran importantes para mГ­.

Pero no lo eran para mi editor de Nueva York. El libro que publicГі sГіlo tenГ­a veinte capГ­tulos. InsistiГі en eliminar el veintiuno. Naturalmente, yo podГ­a haberme opuesto y llevar mi libro a otra parte, pero se consideraba que Г©l estaba siendo caritativo al aceptar mi trabajo y que cualquier otro editor de Nueva York o Boston rechazarГ­a el manuscrito sin contemplaciones. En 1961 necesitaba dinero, aun la miseria que me ofrecГ­an como anticipo, y si la condiciГіn para que aceptasen el libro significaba tambiГ©n su truncamiento, que asГ­ fuera. Por tanto hay una profunda diferencia entre La naranja mecГЎnica que es conocida en Gran BretaГ±a y el volumen algo mГЎs delgado que lleva el mismo tГ­tulo en los Estados Unidos de AmГ©rica.

Sigamos adelante. El resto del mundo recibiГі sus ejemplares a travГ©s de Gran BretaГ±a, y por eso la mayorГ­a de las versiones (ciertamente las traducciones francesa, italiana, rusa, hebrea, rumana y alemana) tienen los veintiГєn capГ­tulos originales. Ahora bien, cuando Stanley Kubrick rodГі su pelГ­cula, aunque lo hizo en Inglaterra, siguiГі la versiГіn norteamericana, y al pГєblico fuera de los Estados Unidos le pareciГі que la historia acababa algo prematuramente. No es que los espectadores exigieran la devoluciГіn de su dinero, pero se preguntaban por quГ© Kubrick habГ­a suprimido el desenlace. Muchos me escribieron a propГіsito de eso; la verdad es que me he pasado buena parte de mi vida haciendo declaraciones xerogrГЎficas, de intenciГіn y de frustraciГіn de intenciГіn, mientras que Kubrick y mi editor de Nueva York gozaban tranquilamente de la recompensa por su mala conducta. La vida, por supuesto, es terrible.

ВїOuГ© ocurrГ­a en ese vigГ©simo primer capГ­tulo? Ahora tienen la oportunidad de averiguarlo. En resumen, mi joven criminal protagonista crece unos aГ±os. La violencia acaba por aburrirlo y reconoce que es mejor emplear la energГ­a humana en la creaciГіn que en la destrucciГіn. La violencia sin sentido es una prerrogativa de la juventud; rebosa energГ­a pero le falta talento constructivo. Su dinamismo se ve forzado a manifestarse destrozando cabinas telefГіnicas, descarrilando trenes, robando coches y luego estrellГЎndolos y, por supuesto, en la mucho mГЎs satisfactoria actividad de destruir seres humanos. Sin embargo, llega un momento en que la violencia se convierte en algo juvenil y aburrido. Es la rГ©plica de los estГєpidos y los ignorantes. Mi joven rufiГЎn siente de pronto, como una revelaciГіn, la necesidad de hacer algo en la vida, casarse, engendrar hijos, mantener la naranja del mundo girando en las rucas de Bogo, o manos de Dios, y quizГЎs incluso crear algo, mГєsica por ejemplo. DespuГ©s de todo Mozart y Mendelssohn compusieron una mГєsica celestial en la adolescencia o nadsat, mientras que lo Гєnico que hacГ­a mi hГ©roe era rasrecear y el viejo unodГіs-unodГіs. Es con una especie de vergГјenza que este joven que estГЎ creciendo mira ese pasado de destrucciГіn. Desea un futuro distinto.

En el vigГ©simo capГ­tulo no hay ningГєn indicio de este cambio. El chico es condicionado y luego descondicionado y contempla con jГєbilo la recuperaciГіn de una voluntad libre y violenta. В«SГ­, yo ya estaba curadoВ», dice, y asГ­ concluyen el libro norteamericano y la pelГ­cula. El capГ­tulo veintiuno concede a la novela una cualidad de ficciГіn genuina, un arte asentado sobre el principio de que los seres humanos cambian. De hecho, no tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse la posibilidad de una transformaciГіn moral o un aumento de sabidurГ­a que opera en el personaje o personajes principales. Incluso los malos bestsellers muestran a la gente cambiando. Cuando una obra de ficciГіn no consigue mostrar el cambio, cuando sГіlo muestra el carГЎcter humano como algo rГ­gido, pГ©treo, impenitente, abandona el campo de la novela y entra en la fГЎbula o la alegorГ­a. La Naranja norteamericana o de Kubrick es una fГЎbula; la britГЎnica o mundial es una novela.

Pero mi editor de Nueva York veГ­a mi vigГ©simo primer capГ­tulo como una traiciГіn. Era muy britГЎnico, blando, y mostraba una renuencia pelagiana a aceptar que el ser humano podГ­a ser un modelo de maldad impenitente. VenГ­a a decir que los norteamericanos eran mГЎs fuertes que los britГЎnicos y no temГ­an enfrentarse a la realidad. Pronto se verГ­an enfrentados a ella en Vietnam. Mi libro era kennediano y aceptaba la nociГіn de progreso moral. Lo que en realidad se querГ­a era un libro nixoniano sin un hilo de optimismo. Dejemos que la maldad se pavonee en la pГЎgina y hasta la Гєltima lГ­nea y se rГ­a de todas las creencias heredadas, judГ­a, cristiana, musulmana o cualquier otra, y de que los humanos pueden llegar a ser mejores. Un libro asГ­ serГ­a sensacional, y lo es.

Pero no creo que sea una imagen justa de la vida humana.

Y no lo creo porque, por definiciГіn, el ser humano estГЎ dotado de libre albedrГ­o, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sГіlo puede actuar bien o sГіlo puede actuar mal, no serГЎ mГЎs que una naranja mecГЎnica, lo que quiere decir que en apariencia serГЎ un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no serГЎ mГЎs que un juguete mecГЎnico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso Estado, ya que estГЎ sustituyГ©ndolos a los dos) le darГЎn cuerda. Es tan inhumano ser totalmente bueno como totalmente malvado. Lo importante es la elecciГіn moral. La maldad tiene que existir junto a la bondad para que pueda darse esa elecciГіn moral. La vida se sostiene gracias a la enconada oposiciГіn de entidades morales. De eso hablan los noticiarios televisivos. Desgraciadamente hay en nosotros tanto pecado original que el mal nos parece atractivo. Destruir es mГЎs fГЎcil y mucho mГЎs espectacular que crear. Nos gusta morirnos de miedo ante visiones de destrucciГіn cГіsmica. Sentarse en una habitaciГіn oscura y componer la Missa Solemnis o la AnatomГ­a de la melancolГ­a no da pie a titulares ni a flashes informativos. Desgraciadamente mi pequeГ±o libelo atrajo a muchos porque despedГ­a los miasmas del pecado original como un cartГіn de huevos podridos.

Parece mojigato e ingenuo negar que mi intenciГіn al escribir la novela era excitar las peores inclinaciones de mis lectores. Mi saludable herencia de pecado original se exterioriza en el libro y disfruto violando y destruyendo por poderes. Es la cobardГ­a innata del novelista, que delega en personajes imaginarios los pecados que Г©l tiene la prudencia de no cometer. Pero el libro tambiГ©n guarda una lecciГіn moral, la tradicional repeticiГіn de la importancia de la elecciГіn moral. Es precisamente el hecho de que esa lecciГіn destaca tanto la que me hace menospreciar a veces La naranja mecГЎnica como una obra demasiado didГЎctica para ser artГ­stica. No es misiГіn del novelista predicar, sino mostrar. Yo he mostrado suficiente, aunque a veces lo oculta la cortina de un idioma inventado; otro aspecto de mi cobardГ­a. El nadsat, una versiГіn rusificada del inglГ©s, fue concebido para amortiguar la cruda respuesta que se espera de la pornografГ­a. Convierte el libro en una aventura lingГјГ­stica. La gente prefiere la pelГ­cula porque el lenguaje los asusta, y con razГіn.

No creo tener que recordar a los lectores el significado del tГ­tulo. Las naranjas mecГЎnicas no existen, excepto en el habla de los viejos londinenses. La imagen era extraГ±a, siempre aplicada a cosas extraГ±as. В«Ser mГЎs raro que una naranja mecГЎnicaВ» quiere decir que se es extraГ±o hasta el lГ­mite de lo extraГ±o. En sus orГ­genes В«raroВ» [queer] no denotaba homosexualidad, aunque В«raroВ» era tambiГ©n el nombre que se daba a un miembro de la fraternidad invertida. Los europeos que tradujeron el tГ­tulo como Arancia a Orologeria o Orange MГ©canique no alcanzaban a comprender su resonancia cockney y alguno pensГі que se referГ­a a una granada de mano, una piГ±a explosiva mГЎs barata. Yo la uso para referirme a la aplicaciГіn de una moralidad mecГЎnica a un organismo vivo que rebosa de jugo y dulzura.


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