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«El cromosoma Calcuta», Amitav Ghosh

Иллюстрация к книге

Una novela de fiebres, delirio y descubrimientos

TraducciГіn de Benito GГіmez IbГЎГ±ez

TГ­tulo de la ediciГіn original:

The Calcutta Chromosome. A Novel of Fevers, Delirium and Discovery

Para Koeli

 

Este Dios que el dГ­a sosiega

ha colocado en mi mano

algo maravilloso; y alabado sea

Dios. A Su mandato,

explorando Sus secretos designios,

agotando lГЎgrimas y esfuerzos,

encuentro tu taimada semilla,

oh, muerte, de millones asesina.

Sir Ronald Ross

Premio Nobel de Medicina, 1902

 

AGRADECIMIENTOS

Doy mis mГЎs sinceras gracias a Raj Kumar Rajendran, del Departamento de InformГЎtica de la Universidad de Columbia, por su asesoramiento sobre ciertos detalles. Estoy especialmente en deuda con Alka Mansukhani, del Departamento de MicrobiologГ­a del Hospital ClГ­nico de la Universidad de Nueva York: sus ideas y apoyo fueron fundamentales para escribir este libro.

 

20 de agosto: DГ­a del Mosquito

 

1

Si el sistema no se hubiera bloqueado, Antar nunca habrГ­a adivinado que el trozo de papel que tenГ­a en la pantalla eran los restos de un carnГ© de identidad. ParecГ­a como salvado del fuego: la lГЎmina de plГЎstico estaba combada y derretida por los bordes. La mayor parte de las letras era ilegible y la fotografГ­a habГ­a desaparecido bajo una mancha de tizne. Pero aГєn tenГ­a una cadena metГЎlica de unos diez centГ­metros inexplicablemente prendida: un bucle oxidado que pendГ­a como un rabo de un agujero en la esquina superior izquierda. Era la cadena la causa del bloqueo, no el carnГ©.

La tarjeta de identidad apareciГі en uno de esos tediosos inventarios que circulaban como un relГЎmpago por el globo con regularidad de metrГіnomo sin que Antar viese razГіn para ello, salvo que era lo que mejor hacГ­a el sistema. Una vez que empezaba no paraba de recibirlos, durante horas, en una interminable sucesiГіn de documentos y objetos, deteniГ©ndose Гєnicamente cuando tropezaba con algo que no podГ­a archivar: normalmente, lo mГЎs trivial.

Una vez fue un pisapapeles de cristal, de esos que mueven copos de nieve cuando se les da la vuelta; otra, un frasquito de lГ­quido corrector, procedente de la oficina de una instalaciГіn de regadГ­o un poco al sur del Mar de Aral. En ambas ocasiones la mГЎquina fue presa de un controlado frenesГ­, planteando preguntas sin parar, una tras otra.

Antar conocГ­a niГ±os asГ­: Вїpor quГ©?, ВїquГ©?, ВїcuГЎndo?, ВїdГіnde?, ВїcГіmo? Pero los niГ±os preguntaban por curiosidad; lo de aquellos sistemas AVA/IIe era distinto, algo que Г©l solo podГ­a describir como el simulado afГЎn de mejorarse a sГ­ mismos. Ya hacГ­a dos aГ±os que lo utilizaba, y seguГ­a dejГЎndole pasmado el ansia de perfecciГіn que manifestaba la mГЎquina. Lo que no reconocГ­a, lo apartaba a un lado de la pantalla y realizaba microscГіpicos anГЎlisis estructurales, girando las imГЎgenes de un lado a otro, volviГ©ndolas del revГ©s, poniГ©ndolas de costado, logrando enfoques cada vez mГЎs detallados.

No paraba hasta que Antar le comunicaba todo cuanto sabГ­a del objeto que ella estuviese manipulando en la pantalla. Г‰l trataba de encaminarla hacia las enciclopedias del sistema, pero sin resultado. En algГєn punto del montaje la habГ­an programado para descubrir informaciГіn en tiempo real, y lo hacГ­a con absoluta determinaciГіn. Una vez que le sonsacaba el Гєltimo y mГЎs insignificante detalle, imprimГ­a un giro final al objeto que tuviese en pantalla antes de enviarlo, con una complacencia extraГ±amente humana, al limbo sin horizontes de su memoria.

Aquella vez del pisapapeles, Antar tardГі un minuto entero en darse cuenta de lo que pasaba. Estaba leyendo: le habГ­an dejado un aparato que proyectaba pГЎginas de revistas o de libros en la pared del cuarto. Mientras no moviese demasiado la cabeza y pulsara la tecla adecuada a un ritmo sostenido, Ava ignoraba que no le estaba dedicando toda la atenciГіn. El aparato era ilegal, claro estГЎ, precisamente porque estaba destinado a gente como Г©l, que trabajaba sola, en casa.


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